Un regalo peculiar

Una tarde de verano de hace algunos años comenzamos a crear un plan para celebrarle el cumpleaños a nuestra sobrina quien se encontraba sola nada más y nada menos que en Nueva York.

Era su primer cumpleaños lejos muy lejos de casa y queríamos estar con ella de alguna forma.

Así fue como habíamos visto por televisión un video con una canción llamada Happy que de seguro escucharon y vieron que nos transmitía pura buena energía, por lo que se nos ocurrió intentar simularla y poder así crear un video para ella…

Reconozco que para mi no era nada de fácil, ya que no soy de las que le guste aparecer en videos, yo soy más bien la que puede estar perfectamente trabajando detrás de cámaras (risas).

Puedo generar e hilar las historias pero de ahí a aparecer era todo un desafío.

Me atreví y dejé la vergüenza de lado, costó al principio pero después parecía gacela bailando en cada esquina de esos rincones apuntados para el recorrido.

Claramente nuestros celulares no eran último modelo, la tecnología nos dejaba en claro que debíamos actualizarnos pero no accedimos, queriendo con lo que contábamos crear el video y poder enviárselo como regalo de cumpleaños.

Teníamos clara la idea de donde ir a grabar ya que ella tuvo la posibilidad de viajar a Chile, a esta tierra patagónica, lo que siempre recordaba con añoranza.

Así fue que partimos haciendo esos recorridos por donde ella paseó y nos posábamos en cada uno de esos rincones y como dos niñas pequeñas nos poníamos a bailar y a saltar.

El problema es que como les contaba no éramos para nada muy tecnológicas, por lo que teníamos que escuchar con audífonos la canción, cortar, hilar para después armarlo todo en el computador.

Recuerdo que la gente se paraba mientras manejaba a mirarnos con cara como de “están locas” y nosotras desaforadas de risa perdiendo la vergüenza.

Fuimos como a 9 lugares aproximadamente y el problema que teníamos era que no podíamos hacerlo juntas pues no teníamos en el celular la posibilidad de la cámara doble, por lo que tocaba intentar enfocar a ciegas estos cortos que resultaron todo un éxito.

Cuando lográbamos captar la imagen en que supuestamente saldríamos juntas se venía lo más loco, pues al ver el video nos dábamos cuenta de cómo potenciamos nuestro grado de locura y travesías.

Ya llegando a casa estaban las perritas callejeras que no quisieron estar ausentes en este regalo así que también participaron.

Entramos a la casa y nos tocaba lo más difícil que era que nuestro gato participara, él con esa actitud de macho recio nos miró como diciendo “ni se les ocurra”.

Cuando ni cuenta se dio que lo habían cargado y yo intentaba grabarlo, entre que se quería bajar y nosotras afirmándolo, por lo que el video fue muy gracioso.

Le enviamos el video el día de su cumpleaños y entre emoción, risa y nostalgia nos agradecía dejando entre ver lo mucho que la queríamos por atrevernos a actuar y a permitirnos jugar sin importar quien estuviese viendo.

Creo que afloraron las niñas que llevamos por dentro, esas que no aceptan la vergüenza ni lo que dirá la gente, esas que se atreven y disfrutan de cada travesía que se proponen.

Al armar el video fue todo un extenso trabajo pues teníamos que hacer que la canción fuera acorde a los pasos y a los gestos.

Pero creo que cuando uno quiere algo no existe el cómo, ese lo buscas y lo encuentras de alguna u otra forma, pues el amor es tan grande que sólo buscas lo mejor de ti para que resulte.

Los comentarios después de verlo en acción eran matices de parte de nosotras ocultas, dotes artísticos que quedan guardados y despertamos.

La forma en como las dos nos convertimos en payasas, el poder de la risa, de esas carcajadas fue lo que nos llenó de energía y nos hizo creer que el amor permite ese poder que no muchos aplicamos ese poder de sentir que podemos ser lo que queramos.

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