El estrellón del vecino

Crecí en un barrio donde todos eran conocidos y buenos vecinos, recuerdo esas navidades o nuevos años en los que todos pasaban de casa en casa a saludar.

Era una delicia salir por esas calles pues nos encontrábamos y nos ayudábamos si las bolsas de las compras eran muy pesadas, el que tenía auto nos aventaba donde fuésemos.

Hoy vivo en el mismo barrio, las mismas casas pero esa gente partió, algunos fallecieron, otros se cambiaron de casas y a decir verdad se convirtió en un barrio con mucha frecuencia de borrachos por los bares de sus alrededores.

Una de las casas que continúa con su gente antigua es justo quienes eran los más poco agraciados, ya que siempre eran los que desteñían, saludaban por respeto pero vivían pendiente del resto.

Hoy a muchos años siguen con la misma rutina, de hecho si tuvieras la posibilidad de verlos creo que no entenderías cómo tanto tiempo para vivir a costas de los demás.

Si enciendes una luz ahí están detrás de sus ventanas espiando todo el día.

Si sales, justo ellos salen a la puerta.

Ese nivel de maldad y morbosidad molesta cuando uno intenta vivir tranquilo, disfrutar y no estar pendiente del resto.

Ellos son los que están todo el día hablando de los vecinos y después les saludan atentamente.

Por suerte a nosotros ni nos miran, pero claramente han inventado un sin número de historias de qué hacemos y qué no.

Asusta pensar que gente así esté de frente a tu casa, sobre todo cuando disfrutan haciendo ese tipo de imbecilidades.

El otro día pasó un señor en motocicleta, creo que la estaba probando porque se notaba su falta de experiencia.

El caso es que justo afuera se cae, a ese vecino no se le ocurrió nada mejor que salir corriendo a contarle a otro vecino lo que había pasado.

Desde mi casa escuchaba las carcajadas y no entendía cómo se podía burlar de esa forma ante alguien que sufre un accidente.

Hoy día mientras esperaba en la fila del banco a las afueras pasa ese super vecino en bicicleta, por supuesto que nosotros no intercambiamos ni siquiera un hola.

Pasa obviamente mirando lo que estábamos haciendo y se va de cabeza contra un alambrado, estuvo a punto de chocar feo con el poste de luz.

Continuar leyendo


El helado de regalo

En tiempos de feministas al poder y de distintas olas es hermoso recibir el regalo de caballerosidad que poco se ve en estos tiempos y es buenísimo convertirlo en historia.

Hoy salí del trabajo a almorzar, me fascina sentarme a ver las expresiones de la gente que acude en masa a hacerlo.

Me llama la atención ver cómo algunos casi ni comparten, pues se la pasan pegados al celular comiendo cada uno por su lado.

Observo una pareja joven, de tal vez unos 27 años, mientras ella mira las vitrinas él pide los almuerzos.

Y así desde niños haciendo lo que quieren sin supervisión de los padres hasta ancianos acomodando sus bastones para comer solos.

Pasan por mi mente un sin número de sentimientos, pues entre que hay situaciones que te hacen reír, otras son insólitas y algunas muy tristes.

Termino de almorzar y como siempre que voy a ese sitio sale mi niña interior a pedir un helado, el que se ha convertido en el favorito, pues son deliciosos salvo que quienes lo venden casi nunca saben cómo tratar al cliente.

Siempre que voy llegando a la heladería pienso con qué reacción me encontraré, tal vez esperando que algún día se reciba un buen trato.

Continuar leyendo


Los detalles de mi pareja

Siempre soñé con tener a mi lado a una persona detallista, romántica, que fuera capaz de disfrutar de las pequeñas cosas como yo.

A medida que el tiempo pasaba parecía que este sueño era cada vez más difuso, más irreal.

Hasta que apareció mi pareja y si bien nuestra relación no es la del cuento de hadas porque esas sólo existen en los cuentos, sí es una relación en la que nos hemos esforzado por hacerla real.

Dentro de las muchas cosas que hacen que ame a mi pareja y la elija todos los días, cada día, están los detalles que tiene para conmigo, está la manera como mira y vive la vida.

¿A qué me refiero?

Continuar leyendo


La mística del amor

Cada mañana al amanecer inicio el día agradeciendo el regalo de la vida, de saber que mis sentidos, que mi cuerpo despiertan y están sanos para continuar este camino llamado vida, el que a pesar de tener piedras en él sé que las puedo esquivar y que voy sin prisa para lograr cada uno de mis sueños.

Como soy amante de la vida y la naturaleza y obviamente del universo cada día les pregunto con qué me sorprenderán?

Pues para mí se ha convertido en mi juego diario, ya que cada día algo nuevo ocurre, a veces el canto de un pajarito en la ventana que me mira y cuando intento fotografiar se esconde, creo ahí que es un ser querido que ha partido y pasa a saludarme.

A veces coloco la radio camino al trabajo y una canción que me llena de recuerdos justo aparece para escucharla de principio a fin, son regalos tan lindos y tan ideales para comenzar el día que me llenan de energía y vitalidad.

A veces esos aromas tan inusuales o tal vez tan difíciles de encontrar y en los lugares más impensados son verdaderos mensajes que llegan de regalo y que atesoro en mi corazón.

Estaba pronta a titularme y quise ir a pedirle ayuda a mi madre que partió hace ya muchos años… Fuimos caminando al cementerio con mi pareja, antes de llegar hay un pasaje llenito de árboles y mientras íbamos el fuerte viento que reinaba los azotaba y desordenaba sin piedad, mi pareja me pregunta si puedo descifrar que quieren decir los árboles? Me quedo pasmada pensando en la respuesta y de pronto de la nada ambos sentimos un olor a incienso exquisito por lo que nos quedamos mudos sólo mirándonos.

Continuar leyendo


¿Crees en las señales?

Hace bellos y hermosos 9 años comencé la mejor aventura de mi vida, esa que te hace decidir y luchar, enfrentarte y atreverte a hacerle frente al mundo, aquella que sólo la intuición es guía y que es acompañada de claras señales que van dándote pistas de que es tu momento y que vas a la segura.

Se preguntarán de qué estoy hablando. Pues bien, es precisamente de lo que nos mantiene en pie, de lo que necesitamos para nutrir y embellecer nuestra alma, lo que purifica cada célula de tu piel… el Amor.

Crecí creyendo en cada cuento de hadas que me contaban, crecí pensando y sintiendo el amor en todos sus matices, sin embargo,  con el correr de los años todo se fue tornando de colores abstractos y poco nítidos que cambiaban mi forma de verlo, de sentirlo, pero de igual forma lo añoraba.

La ilusión estaba rota, pues pensaba que cada cuento de hadas de final feliz no era más que historias narradas en donde todo era bueno y en lo real no existía.

Estuve emparejada 6 años y junto a mi familia éramos todo un clan, en donde todo lo que hacíamos era comunitario, tan así que con mi en ese momento pareja habíamos perdido ese espacio de pareja, si bien es cierto nos queríamos y lo pasábamos bien pero si lo puedo graficar de mejor manera diría que éramos unos super amigos.

Si lo pienso creo que como pareja disfrutamos un año de los 6, ya el resto era el disfrute de estar juntos entre su familia y la mía, idas al campo, salidas a comer, disfrutar de tardes de canto, en fin, llegaba la hora de despedirnos y nosotros ya ni hablábamos sin ellos.

Tanto era el cariño de mi familia por mi pareja que cada ve se empezó a notar más ese claro interés porque en todo lo que hiciéramos estuviese… ya a mi no me veían.

Esto me llevó a aislarme, a sentirme extraña y claramente comencé a ilusionarme con que quería y anhelaba un cambio… pero obviamente no pasaba nada porque la rutina era trascendental en mi casa y familia.

Cuando ya sentía que debía quedarme cómodamente incómoda, es decir, rendida viendo cómo la vida pasaba frente a mis narices mi familia me pide que vaya a una de sus casas pues tenían una comida y querían que yo conociera a sus invitados.

Recuerdo que me negué tanto que me puse de mal genio con tanta insistencia, como vivimos en casas casi pegadas a mi tía no se le ocurre mejor idea que comenzar a golpear la ventana y gritar que me esperaban.

Me sentía como entre la espada y la pared, si me preguntan, creo que con ella jugaba a ser la rebelde, pues como es tan dominante yo no quería darle en el gusto, pero algo me decía que debía ir.

Continuar leyendo


Mi hora de colación (almuerzo)

Intento vencer la rutina cada día que voy al trabajo, por ello al salir a almorzar cuento con una hora, a veces sencillamente no almuerzo y lo cambio por un exquisito café, voy a un encuentro conmigo y adonde mis pies me lleven, y hoy es un día de esos…

Me fascina sentarme en la banca del parque y ver pasar de todo…

Hasta el viento como va despeinándome e intentando quitarme la mirada, me fascina ese olor a café que tomo mientras veo niños jugando, escuchar sus risas y sus conversaciones me hace sentir añoranzas de aquellos tiempos en que fuimos niños y hacíamos lo mismo.

Continuar leyendo


Encuentro con amig@s

Últimamente confieso que el tema de las amigas ha sido para mí algo complejo y desconcertante porque me he dado cuenta que en muchas ocasiones cuando me reunía con algunas de ellas terminaba bombardeada sobre sus vidas y sin un ápice de desahogo sobre la mía.

Es como si por el hecho de haber estudiado Psicología lo fuera las 24 horas del día, como me pasaba en mis años de estudiante cuando iba a una fiesta y no podía confesar qué era lo que estudiaba porque terminaba en un rincón de la sala escuchando historias interminables y yo lo único que quería era rumbear (modismo colombiano que se refiere a bailar).

Eso hasta hace muy poco cuando tuve la fortuna de reencontrarme con una amiga que hacía años, más o menos 6, no nos veíamos ni sabíamos nada la una de la otra.

Continuar leyendo


Los caminos de la vida

Les cuento que cuando recién había logrado obtener mi licencia de conducir decidí en un acto de valentía ir junto a mi sobrina, quien estaba de visita y a quien no veía hacía un par de años, al centro comercial (más conocido como mall) en el auto.

¿Por qué digo que era un desafío? Porque el estacionamiento allá era una prueba para mí que como les dije hacía poco tiempo había sacado la licencia de conducir.

Llegamos, yo me estacioné maravillosamente, estuvimos en el supermercado, hicimos compras, nos reímos, compartimos, todo fenomenal hasta que llegó el momento de regresar a la casa y tenía que sacar el vehículo de reversa, el asunto era que estaba en medio de otros autos y en la parte de atrás había una pared de cemento, es decir, imagínense cómo son los estacionamientos de los centros comerciales en hora pick, el espacio con el que contaba era muy mínimo, mi sobrina se ofreció a orientarme y yo en un acto de soberbia le dije que no era necesario.
Comencé el proceso de reversa hasta que escuché un estruendo y quedé helada, miré a mi sobrina y estaba pálida, cuando atiné en fracción de segundos a reaccionar me di cuenta que me había estrellado de reversa con la pared de cemento y que había destrozado el foco trasero izquierdo (lado del/a conductor/a).
Para colmo de males, había autos detrás, que me miraron con cara de ¡pobrecita! Y siguieron.

Yo la verdad, me sentí terrible, entre asustada y avergonzada. Lo único que atiné fue a preguntarle a mi sobrina cómo estaba quien me respondió que bien y acto seguido llamé a mi pareja y le conté todo.
Su nivel de comprensión fue maravilloso, como siempre, me contuvo y acordamos que apenas pudiera salir del trabajo nos encontraríamos en donde yo anduviera.

Lo que de aquí en adelante pasó me produce entre risa y llanto porque partimos con mi sobrina a la aseguradora, afortunadamente tenía asegurado mi vehículo y mientras llamaba a reportar el siniestro (hasta el nombre es tétrico) estaba muy nerviosa, era la primera vez que algo así me pasaba y más encima saliendo del estacionamiento.
Típico que te preguntan ¿quién tuvo la culpa? Y yo al otro lado del teléfono con voz de culpable y cara de angustia respondía “yo soy la culpable, yo tuve toda la culpa”.

Después de esta confesión teníamos que ir a Carabineros de Chile (cuerpo policial que hasta ese momento se encargaba de accidentes y “siniestros” automovilísticos) para hacer la denuncia y llevarla de nuevo a la aseguradora.

Continuar leyendo


La viejecilla de gafas… Mi súper tía

Aún la veo en un rincón de la cocina, en su diván, sentada tejiendo las bufandas para sus sobrinos en una fría mañana de invierno… su forma de ver la vida era magnífica, una mujer extremadamente limpia, preocupada de que todo le combinara a pesar de no tener el disfrute de ver los colores, cocinaba y ese toque mágico que le daba a sus preparaciones no necesitaban verse sino sentirse… aquella viejecilla delgada, que caminaba mostrando en sus canas la experiencia de la vida dura que le había tocado vivir mostraba en todo su esplendor  cómo los años pasaban por su lado y la mantenían intacta a sus sesenta casi setenta años… la sabiduría en cada palabra, la sonrisa en los labios en cada conversación, sus manos con esas arrugas fruto del esfuerzo, pues para ella era difícil vivir pero la energía que irradiaba permitía que eso se mantuviera en el más completo anonimato.

Le bastaron siete años para vivir completamente “sana” y disfrutar de su familia, hermanos y hermanas, primos/as y tíos/as, del compartir con sus padres en tiempos antiguos donde se daba el espacio del disfrute, donde la tecnología no hacía de las suyas. De ahí para adelante una dura enfermedad acabó por arrebatarle la vista, imagina que de pronto todo se oscurece y te dicen que ya no podrás ver más, que eso literalmente había sido todo… En nuestras muchas conversaciones tuve el tiempo de conocer su infancia, sus dolores y amarguras y la postura con que enfrentó desde ahí su nueva situación, su nuevo enfrentar la vida… Y re-comenzó todo con esa chispa que le dieron sus siete años de vida guiándose solita y armando su propio recorrido.

Desde pequeña recuerdo que para mí era mi super tía, pues no entendía cómo ella andaba para todos lados, lavaba, cocinaba, planchaba, combinaba su ropa, sabía dónde dejaba sus remedios y cómo diferenciarlos, es que de verdad era para mí mi super tía.

Recuerdo que de noche la iba a acompañar a su pieza, pues le encantaba encerrarse tempranito y escuchar música, colocaba una radio viejita a pilas debajo de su almohada la que no se apagaba hasta el otro día cuando se levantaba. Eran unas conversaciones llenas de sabiduría y reflexión, siempre el optimismo y las ganas de vivir estaban intactas para ella y siempre me aconsejaba en cada cosa que le contaba.

Una noche antes de que se fuera a descansar hablamos justamente de eso, como si la vida nos estuviera preparando para separarnos, incluso reímos mucho porque ella era muy práctica, ya con su pensión de invalidez había comprado su terreno en el cementerio y su lápida, como verán era extremadamente ordenada y me decía que por favor no hiciera tal de gastar dinero en flores o misas, porque cuando ella partiera estaría tan bien que nada de eso sería necesario, como todos al hablar de este tema siempre creo que decimos “las cosas que hablas, si eres joven aún para eso”, o evitamos diciendo “no quiero hablar de eso”, pero como siempre ella tenía una muletilla que decía “yo te digo no más”.

Continuar leyendo