El renacer: Viajar en pareja

Amo viajar, siento que al igual que los libros, viajar enriquece y alimenta mi alma, me da un respiro, oxigena mi vida.

Desde pequeña siempre me ha gustado; sin embargo, a decir verdad, fue en la época de la Universidad donde comencé a hacer realidad este sueño.

Conocer otras ciudades, otros lugares, otros climas, otras maneras de llamar las cosas, otros acentos, otros olores, en fin, es una riqueza sin igual.

No obstante, había un elemento que siempre añoraba y difícilmente podía hacer realidad: Viajar en pareja.

Ahora aquí aclaro que pareja no de un rato, me refiere a la pareja que eliges para compartir tu vida con luz y sombra y quien también elige estar a tu lado a pesar de tus oscuridades.

Esa pareja con la que puedes ser cómplice, a la que puedes mirar a los ojos con tus miedos y vulnerabilidades y quien también puede confidenciarte sus temores y debilidades.

Recuerdo que el primer viaje que hice con mi pareja fue caótico porque además fue en medio de una pelea, es decir, ya habíamos acordado viajar y días antes de partir peleamos.

Confieso que ahí me debatí ¿qué hago?

¿Viajo o no viajo?

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Pánico a volar

Algunas veces me pasaba que me costaba trabajo comprender cuando había personas que manifestaban sentir miedo incontrolable hacia algo o alguien, por ejemplo, gente que le tiene miedo a los perros, a las alturas, etc.

No me refiero a los nervios que te puede llegar a producir, me refiero a ese miedo que más que miedo es pánico, es terror, que te petrifica, te detiene, te altera.

La verdad es que pensaba que eran exagerad@s, ¿cómo tanto?

Hasta que me pasó a mí:

Primero aclarar que cuando vives en el lugar donde vivo ahora, vientos que alcanzan más de 100 km/h, ahí te das cuenta que la leve brisa que yo sentía en mi Cali natal no es nada.

Entonces el panorama cambia, lo que antes sentías como “turbulencia” cuando volabas no es la misma que la que puedes sentir estando en el aire con esos vientos que salen acá.

Recuerdo que la primera vez en mi vida, que viajé en avioneta fue justamente acá y se suponía que el vuelo debería durar 11 minutos.

Sí, tan sólo 11 minutos.

¿Qué me podría pasar estando en el aire durante 11 minutos? Pensé.

Bueno mucho, tanto que desde aquel entonces, no soy la misma ni me relaciono de igual forma con los aviones o cualquier medio de transporte que no sea terrestre acá.

La avioneta de la que les hablo cuenta en total con 8 puestos, incluyendo el piloto.

Sale así llueve o truene, es decir, si hay vientos de más de 100 km/h que es común acá, pues sale, ¿cuál es el problema?

Recuerdo que cuando llegué al aeropuerto y la vi dije “qué bonita!”, “tan chiquita”.

De ida fue tranquilo el vuelo, contemplas un paisaje maravilloso, indescriptible, como son los paisajes que hay por estas tierras.

Y a los 11 minutos exactos ya estábamos del otro lado.

“Genial” pensé, esto es todo, qué bien!.

Al  regreso fue que comenzó la odisea.

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