Cada día intento verme

He dormido profunda toda la noche, siento el cansancio en mi cuerpo, en mi cabeza por cosas del día a día, el trabajo, la casa, las deudas… esa rutina que a veces no ve el sol.

Cada día que amanece procuro mirarme al espejo y VERME, a su vez VEO en mi rostro el paso del tiempo, y me niego a pensar que mi cara de cansada sea por esos factores.

Sé que van pasando la cuenta cada una de las preocupaciones.

Hoy cuando me miraba al espejo había algo que me decía que iba a ser un buen día, algo que aflora en mi mente y en mi corazón, esas señales que hay que saber distinguir en momentos.

Salí acompañada de mi pareja, hablábamos camino al trabajo de cómo enfrentar la rutina pero veía destellos de luz que me decían que algo ocurriría a favor.

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El día que me elegí

Aún recuerdo el día que me elegí… una mañana helada de invierno, me levanté temprano con la clara intención de mirarme al espejo y VERME…

Recuerdo que pasé encerrada en el baño como una hora contemplándome en ese espejo que parecía hablarme.

Tenía claro todo lo que se me venía encima pero mi conciencia estaba tan llena de remordimientos y de culpas que poco a poco comencé a descargarlas en suaves y tiritones suspiros, esos que te dejan sin aliento…

Tenía a mis yo internas debatiéndose, estaba la osada, la cobarde y la temerosa…

Sabía que romper con una relación de años en donde si leíste mi historia anterior pudiste ver que era una relación de amistad disfrazada de amor, claramente existía el amor pero ese fraternal que en nada se compara al amor real de pareja.

Recuerdo que salí del baño y fui a conversar con mi ex pareja, le dije que necesitábamos conversar, recuerdo que titubeó, evitó y casi salió corriendo pero no lo permití porque ese era el momento en que sí o sí debía enfrentarme a mi verdad y también tener el coraje de conversarlo.

Después de un rato de espera y como estaba encerrado en su pieza voy a verle y le digo que debemos conversar ahora.

Sabes que al recordarlo aún me sudan las manos y se me acelera el corazón, no por sentirme mal sino porque ese día me sentí  grande.

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