Visita al teatro Colón

Como ya les había mencionado en historias anteriores, fui con mi pareja de vacaciones a Buenos Aires y ésta fue una experiencia maravillosa.

Dentro de los lugares que queríamos conocer estaba el Teatro Colón.

Habíamos averiguado y sabíamos que hacían tours para recorrer sus instalaciones.

Desde niña me ha gustado el teatro y cuando vivía en Cali y podía iba a ver obras de teatro, ballet, presentaciones de orquesta sinfónica, etc.

La verdad soy total ignorante en la materia; sin embargo, disfruto mucho de estos planes y afortunadamente a mi pareja también le gustan.

Hay algo que aún no he tenido la oportunidad de disfrutar y que me encantaría hacer y es asistir a un espectáculo de Ópera.

Ahí sí que soy súper ignorante; no obstante, me imagino que me emocionaría de sobre manera.

De hecho, ése es el motivo por el que disfruto tanto de este tipo de arte, porque me conectan con otras yo que habitan en mi en otras profundidades o latitudes más allá de lo que suelo conocer de mi.

En fin, ya me estaba yendo para otro lado jaja.

Les decía que fuimos a conocer el Teatro Colón, un lugar con historia y efectivamente al llegar nos dimos cuenta que realizaban un tour.

Lo hicimos y dentro del grupo en el que íbamos (éramos alrededor de 8 personas) había 2 que participaban y respondían las preguntas del guía o le formulaban preguntas.

No prestamos mayor atención, aunque para ser sincera, me llamó la atención, porque eso no es tan común y porque lo hacían con mucha soltura y seguridad.

El recorrido fue majestuoso, el lugar maravilloso, lleno de historia, de una energía indescriptible, de verdad que es un lugar al que volvería no una si no mil veces más…

Anduvimos por todos los pisos, el guía, un joven, nos explicaba desde el material con el que fue construido, hasta quiénes eran los arquitectos o el gobierno de turno, los primeros espectáculos, etc.

Era fascinante escucharlo.

Hasta que llegamos al palco que es la zona más apetecida del teatro por lo que le entendí al guía.

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Visita a la librería El Ateneo

En una de las vacaciones que tuve con mi pareja tuvimos la posibilidad de visitar Buenos Aires y como ya he mencionado en otras historias, es una ciudad, que nos gustó.

Yo soy la de los libros, pues mi pareja tiene otro tipo de gustos.

Sin embargo, siempre ha respetado e impulsado mi amor por los libros.

Cuando llegamos a Buenos Aires, en medio de tantas cosas por hacer, había un panorama que sí o sí teníamos que realizar: Conocer la librería El Ateneo (aprovechamos para hacerle propaganda jaja).

De hecho tod@ aquel/lla que sea amante de la lectura, si está en esta hermosa ciudad, le sugiero que vaya a conocerla, es un regalo para el alma.

Por distintas razones, cuando íbamos a ir algo pasaba y terminábamos haciendo otra cosa.

Hasta que llegó el tan anhelado día:

Llegamos, luego de una tremenda caminata, si algo recuerdo de esas vacaciones es que dejamos los pies en las calles, literalmente.

Y al entrar, sentía que el corazón se me iba a salir, ver tantos libros, una infraestructura majestuosa a mi modo de ver, pues esa librería está donde antes había sido un teatro.

Tres pisos de libros y más libros.

Era mi sueño hecho realidad.

Yo era como una niña, cuando le das por primera vez un dulce o cuando le entregas ese regalo que tanto esperó.

Sentí tanta emoción que sin querer ser exagerada, algunas lágrimas resbalaron por mis mejillas de pura alegría, de puro agradecimiento, de poder estar ahí y más de estar con mi amor.

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El día de furia de mi pareja

Hace algunos años atrás habíamos ido con mi pareja de vacaciones a visitar a una amiga muy querida, la cual vivía en uno de los lugares más hermosos que tiene este largo y angosto país.

Nuestra amiga súper preocupada por nosotros, nos había elaborado algunos posibles destinos para que conociéramos aprovechando los días que estaríamos allá.

Estos lugares se asimilaban a los que ya habíamos investigado por nuestra propia cuenta antes de llegar.

Sin embargo, había uno en particular, que nos dijo sí o sí tienen que conocer y recorrer, es hermoso y nos explicó la mística que tenía.

Mi pareja, quizá como anticipándose a cualquier situación compleja, le preguntó si para ir allá era necesario estar en óptimas condiciones físicas, ser deportista o caminante regular o algún aspecto que podría ser de cuidado o riesgo.

Lo hizo porque el lugar que nos describió nuestra amiga era un sitio donde al llegar había que hacer una caminata de ida y vuelta y como conocemos a nuestra amiga y sabemos que ella es, según nuestra óptica, de aventuras extremas, podría pasar que lo que para ella fuese fácil para nosotros implicara una sobre exigencia física o algún riesgo.

Nos respondió que no, que hasta sus padres lo habían hecho.

Aquí aclaramos que los padres de nuestra amiga no son el estereotipo de padres, es decir, ellos son, de caminar, de viajar, de cuidarse en la alimentación, o sea una mezcla entre deportista y místico.

Con ello, la verdad es que en vez de tranquilizarnos nos dejó más preocupados; sin embargo, al expresárselo dijo no se preocupen que el recorrido es fácil.

Sin más preámbulos al día siguiente partimos felices en la mañana a conocer el famoso “Muelle de todas las almas”.

Un lugar que según entendimos, fue creado por un artista en algún paraje de la hermosa naturaleza, donde luego de una larga caminata te encuentras con un puente en el que caminas y llegas hasta el mar.

Se le dice así, porque según este artista, como en ese sector se estrellan las olas del mar contra las rocas, es en ése momento donde las almas se manifiestan.

Imagínense con toda la historia y expectativa que partimos y aquí fue donde comienza la historia:

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Una noche de quemas

Hace un año viajé a una isla hermosa llena de mística y de historias de brujos, una isla donde nuestros abuelos nacieron, hombres y mujeres de esfuerzo que tuvieron que dejar sus tierras desde niños para irse a otras ciudades y desde corta edad empezar a trabajar para llevar el pan a casa…
Hoy esa isla mágica conocida como Chiloé llena de paisajes hermosos donde el verde de sus praderas y sus emblemáticas iglesias forjan diariamente la historia de aquellos viejos que ya partieron y hoy honran sus memorias.
Llegar es todo un desafío pues primero viajamos en avión, después en barquitos que te mecen suavemente mientras ves las toninas (animales parecidos a delfines) saludando a los viajeros que van en busca de sus sueños.
Los días son cálidos llenitos de sol, te maravilla ver sus casitas antiguas afirmadas de troncos de madera que salen del mar, conocidas como palafitos.
Qué mejor que ir con tu pareja a recorrer esos paisajes en donde de seguro caminaban tus abuelos.

Llegar a destino y que tu mejor amiga te esté esperando porque por ahora vive allá.
Es uno de los tantos regalos que la vida me da día a día y de los cuales soy una eterna agradecida.
Llegar y recordar que hace años tuve la posibilidad de ir me hacía evocar algunas cosas.

Por ello para mi no era terrible que los viejitos de calle estuvieran esperándote a la llegada para darte su singular bienvenida y pedirte unas monedas…
Mi pareja no conocía nada de aquello por lo que no le gustaba mucho ese primer momento pero claramente con mi amiga le explicamos y lo entendió tornándose en risas saber que claramente no estamos acostumbrados a eso.
Llegar a su casa que estaba en un cerro gigantesco y que nos esperaran sus grandes perros era toda una aventura para mí, ya que, si bien me gustan, los prefiero lejos de mí, pues les tengo miedo.
Ella amablemente se coordinaba con mi pareja para acurrucarlos mientras yo entraba a su hogar, pues a decir verdad los perros eran de mi porte entonces no era bueno hacerme la valiente (risas).
La vista es privilegiada pues a tus pies están todas las islitas con su singular brillo y esos pedacitos de mar se conjugan para embellecerse con el encanto de la luna, unas copas y una buena conversación bajo este bello paisaje y sueño cumplido… que más podía pedir.
Mi amiga bella se ha perfeccionado mucho en variados temas y nos invita a una noche de limpieza espiritual para darle la bienvenida al nuevo año y quemar el año que pasó, me dice que hay que aprovechar la luna llena que viene para ese ritual.
Como andábamos de vacaciones y con ganas de experimentar cada regalo accedimos a ir.

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El Planetario

Esta historia tuvo su origen durante las vacaciones con mi pareja. En esta oportunidad decidimos visitar Argentina, específicamente Buenos Aires, totalmente recomendado, simplemente espectacular, eso sí, si lo que buscas es llegar a una ciudad grande, con múltiples ofertas, que no duerme, o al menos la mayor parte del tiempo está despierta…

Entre los lugares que elegimos conocer fuimos al Planetario y a mí se me ocurrió como sorpresa, ingresar al show que realizan en éste. Así que súper emocionada invité a mi pareja y como sé que tiene temas de vértigo, bueno, realmente, son crisis de pánico, decidí para no espantar que una vez adentro del salón del Planetario le iba a contar de qué se trataría el espectáculo. Éste consiste en que realizas un viaje espacial, literalmente, porque las imágenes son impresionantes, así como el sonido, de verdad dan la sensación que eres tú el/la astronauta. Sin embargo, confieso que nunca me imaginé que sería así de real, pues mi experiencia más cercana, fue hace millones de años cuando yo era muy joven (tendría 20 años aproximadamente) y fue en el Planetario de Bogotá en ese entonces.

Una vez ya adentro, luego de haberle confesado de qué creía y sabía yo por experiencia previa que se trataría el show, mi pareja además de tragar saliva me miró con ojos de “esto sólo se te puede ocurrir a ti; pero igual te amo”.

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