Cada día intento verme

He dormido profunda toda la noche, siento el cansancio en mi cuerpo, en mi cabeza por cosas del día a día, el trabajo, la casa, las deudas… esa rutina que a veces no ve el sol.

Cada día que amanece procuro mirarme al espejo y VERME, a su vez VEO en mi rostro el paso del tiempo, y me niego a pensar que mi cara de cansada sea por esos factores.

Sé que van pasando la cuenta cada una de las preocupaciones.

Hoy cuando me miraba al espejo había algo que me decía que iba a ser un buen día, algo que aflora en mi mente y en mi corazón, esas señales que hay que saber distinguir en momentos.

Salí acompañada de mi pareja, hablábamos camino al trabajo de cómo enfrentar la rutina pero veía destellos de luz que me decían que algo ocurriría a favor.

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¿Crees en las señales?

Hace bellos y hermosos 9 años comencé la mejor aventura de mi vida, esa que te hace decidir y luchar, enfrentarte y atreverte a hacerle frente al mundo, aquella que sólo la intuición es guía y que es acompañada de claras señales que van dándote pistas de que es tu momento y que vas a la segura.

Se preguntarán de qué estoy hablando. Pues bien, es precisamente de lo que nos mantiene en pie, de lo que necesitamos para nutrir y embellecer nuestra alma, lo que purifica cada célula de tu piel… el Amor.

Crecí creyendo en cada cuento de hadas que me contaban, crecí pensando y sintiendo el amor en todos sus matices, sin embargo,  con el correr de los años todo se fue tornando de colores abstractos y poco nítidos que cambiaban mi forma de verlo, de sentirlo, pero de igual forma lo añoraba.

La ilusión estaba rota, pues pensaba que cada cuento de hadas de final feliz no era más que historias narradas en donde todo era bueno y en lo real no existía.

Estuve emparejada 6 años y junto a mi familia éramos todo un clan, en donde todo lo que hacíamos era comunitario, tan así que con mi en ese momento pareja habíamos perdido ese espacio de pareja, si bien es cierto nos queríamos y lo pasábamos bien pero si lo puedo graficar de mejor manera diría que éramos unos super amigos.

Si lo pienso creo que como pareja disfrutamos un año de los 6, ya el resto era el disfrute de estar juntos entre su familia y la mía, idas al campo, salidas a comer, disfrutar de tardes de canto, en fin, llegaba la hora de despedirnos y nosotros ya ni hablábamos sin ellos.

Tanto era el cariño de mi familia por mi pareja que cada ve se empezó a notar más ese claro interés porque en todo lo que hiciéramos estuviese… ya a mi no me veían.

Esto me llevó a aislarme, a sentirme extraña y claramente comencé a ilusionarme con que quería y anhelaba un cambio… pero obviamente no pasaba nada porque la rutina era trascendental en mi casa y familia.

Cuando ya sentía que debía quedarme cómodamente incómoda, es decir, rendida viendo cómo la vida pasaba frente a mis narices mi familia me pide que vaya a una de sus casas pues tenían una comida y querían que yo conociera a sus invitados.

Recuerdo que me negué tanto que me puse de mal genio con tanta insistencia, como vivimos en casas casi pegadas a mi tía no se le ocurre mejor idea que comenzar a golpear la ventana y gritar que me esperaban.

Me sentía como entre la espada y la pared, si me preguntan, creo que con ella jugaba a ser la rebelde, pues como es tan dominante yo no quería darle en el gusto, pero algo me decía que debía ir.

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En una encrucijada

Les ha pasado que sienten que han llegado a un lado del camino donde saben por dónde tienen que seguir, el camino conocido, ése de levantarse a determinada hora en la mañana, ducharse, vestirse, tomar desayuno, salir a trabajar, regresar en la tarde cansado, con el único deseo de dormir y descansar y a la vez con la tristeza de sentir que se te pasó otro día más, de rutina, de tu preciosa vida, de tu irrecuperable vida y tú sumido/a en la rutina…?

Sientes que quieres salir corriendo, dejar todo atrás y quedarte en tu casa, disfrutar del regalo de la compañía de tu pareja y tu gato y anhelas con todo tu corazón que te pase algo similar a lo que le pasó a Forrest Gump cuando le dijeron que era millonario y ya no tenía que preocuparse nunca más por el dinero y él, magistral y sabiamente respondió “¡qué bueno! Una preocupación menos”. Sin embargo, sabes que aún no te ha llegado esa señal, que quizá no te llegue y entonces sigues con tu rutina sintiendo que cada vez más te va carcomiendo el alma por dentro…

Y te preguntas ¿qué voy a hacer?, ¿qué quiero hacer? Y entonces comienza ese diálogo interminable interno en ti: Y con qué voy a emprender un negocio si pa eso necesito plata?, ¿y en qué lo voy a hacer?, en mi caso, además yo provengo del mundo de las ideas, es decir, de lo abstracto, ¿quién paga por eso? Cuando menos piensas, estás sumido/a en una profunda tristeza y te sientes en un callejón sin salida… Continuar leyendo