El robo de la inocencia

Hoy escribo desde el silencio que guardó mi corazón cuando hace muchos años, en pleno crecimiento viví abusos de índole sexual.

Querían robarme la inocencia, a tal punto que debo decir que de cierta forma lo consiguieron.

Yo tenía apenas 9 años en una infancia que me inundaba de dicha, tenía todo lo que soñaba y estaba acompañada del mejor regalo de hija única… mi madre.

Entre tantos cumpleaños que se celebraban en casa de mis familiares y al cual asistían primos de mis primas, yo jugaba con esa pasión que tienen los niños sin ver más allá.

Los juegos eran al aire libre, al son de un columpio, de correr en campos que para mi eran gigantes.

Recorríamos de esquina a esquina ese sector detrás de una pelota, entre risas y gritos.

Hasta que una tarde como recuerdo llovía mucho nos hicieron jugar en casa, los primos de mis primas eran más grandes, recuerdo que eran 6 hombres.

Claramente todos distintos, dentro de ellos había uno que jugaba a hacerse el grande y comenzó por hacerlo con nosotras… niñas pequeñitas que no entendíamos qué era lo que pasaba.

Él comenzaba a hacerse el papá de la casa y eso incluía una voz de mando en la que inocentemente creíamos.

Desde preparar las tacitas del té a atender a las visitas pasábamos horas jugando hasta que esas visitas se iban y se quedaba él con nosotras.

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