El helado de regalo

En tiempos de feministas al poder y de distintas olas es hermoso recibir el regalo de caballerosidad que poco se ve en estos tiempos y es buenísimo convertirlo en historia.

Hoy salí del trabajo a almorzar, me fascina sentarme a ver las expresiones de la gente que acude en masa a hacerlo.

Me llama la atención ver cómo algunos casi ni comparten, pues se la pasan pegados al celular comiendo cada uno por su lado.

Observo una pareja joven, de tal vez unos 27 años, mientras ella mira las vitrinas él pide los almuerzos.

Y así desde niños haciendo lo que quieren sin supervisión de los padres hasta ancianos acomodando sus bastones para comer solos.

Pasan por mi mente un sin número de sentimientos, pues entre que hay situaciones que te hacen reír, otras son insólitas y algunas muy tristes.

Termino de almorzar y como siempre que voy a ese sitio sale mi niña interior a pedir un helado, el que se ha convertido en el favorito, pues son deliciosos salvo que quienes lo venden casi nunca saben cómo tratar al cliente.

Siempre que voy llegando a la heladería pienso con qué reacción me encontraré, tal vez esperando que algún día se reciba un buen trato.

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El poder del amor

Durante toda mi vida me ha costado trabajo obtener cada cosa, mis logros han sido fruto del esfuerzo.

No sé si en algo tendrán que ver las palabras de mi mamá diciéndome “la vida es dura mija”, “hay que romperse el lomo para conseguir sus cosas”.

Con ello se refería a que hay que trabajar mucho para alcanzar algo.

O simplemente que formo parte de ese 99% de habitantes en la tierra para quienes la lucha es diaria y surgir es sinónimo de esfuerzo, sacrificio, perseverancia y muchísima tolerancia a la frustración.

En fin, la historia con mi pareja por supuesto, no podía estar exenta de ello; no obstante ése no es el relato que traigo para ustedes hoy.

Al menos no en lo que se refiere a cómo surgió nuestra historia de amor, por ahora les compartiré que estos 9 años de relación también han sido fruto del esfuerzo y la lucha que ambos hemos dado.

Cuando me uní a mi pareja ésta atravesaba por una difícil situación financiera.

Para resumir el cuento, estaba en franca banca rota, endeudada hasta los huesos, ello producto de relaciones de abuso vividas con su familia que de seguro, serán parte de otros relatos también.

Nunca dimensioné el nivel de endeudamiento porque yo venía de un hogar donde mi mamá siempre me inculcó que debía evitar las deudas, al menos las que no pudiera pagar.

Entonces este mundo de cobradores, saldos en rojo, cobros llegando a la casa, era nuevo para mí.

No conocía tantas tarjetas hasta que estuve con mi pareja.

De a poco nos fuimos organizando y pasados muchos años, poco a poco empezó a ir saliendo de las deudas, no es que ahora no tenga ni una, sigue pagando, sólo que ya está organizada.

Fueron años donde los sueldos que recibíamos se iban en pagar deudas.

Por ende, tuvimos también que reducir al máximo los gastos que teníamos, es decir, tratar al máximo de caminar para evitar pagar los pasajes de micro o colectivo.

Años sin saber lo que era salir de vacaciones, porque nos quedábamos en la casa.

Menos de hacer arreglos en la casa, no para renovarla sino para tapar los agujeros del techo que hacían que en los días de lluvia algunos sectores de la casa se convirtieran prácticamente en piscina.

O arreglos a la electricidad que hacían que una parte de la casa estuviera a oscuras, andábamos con velas y si encendíamos algo teníamos que apagar el resto.

Cada vez que miro hacia atrás siento tanta emoción, porque fue muy difícil, más aún, cuando su familia en vez de ser un aporte había sido la causante de esta penuria y se convirtieron en los primeros enemigos al ver que ya no estaba la que pasaba las tarjetas para que se compraran lo que se les antojara con la falsa promesa que le iban a pagar.

Y mi familia estaba lejos, no se imaginan cuántas veces añoré ese abrazo de mi mamá prometiéndome que todo iba a pasar…

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Besos al cielo en el día de la madre

Hoy en el día de la madre necesito escribir esas emociones que aprietan mi pecho, ese olor a ausencia que percibo en cada recodo de mi alma.

Tuve la suerte de tener varias madres… sin duda alguna quien me tuvo en su vientre es la primera, esa gordita de mirada coqueta, que  sin hablarnos me entendía.

De la que recibía esos abrazos que me atrapaban entera como sintiendo que sus brazos eran el refugio perfecto.

Hace muchos años que partió y ¿sabes algo? Es increíble pero cuando pienso en ella, cuando la veo en mis recuerdos aún siento hasta la forma de sus manos que me encantaban.

Aún recuerdo su voz, como cuando me cantaba… me parece estarla viendo sentada en ese sillón con vista al patio donde le encantaba leer el diario.

Ella fue madre y padre, por ello todo mi amor, gratitud y reconocimiento… debo reconocer que hizo el trabajo perfecto.

Pienso en todo su pasado antes de tenerme y creo que fue un trabajo duro, donde el camino le tenía preparada varias piedras, atajos y riachuelos en donde con miedo y todo sé que las pasó.

Una mujer dulce, guerrera, apasionada, de una ternura infinita que hasta hoy que la recuerdo me derrite.

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Visita a la librería El Ateneo

En una de las vacaciones que tuve con mi pareja tuvimos la posibilidad de visitar Buenos Aires y como ya he mencionado en otras historias, es una ciudad, que nos gustó.

Yo soy la de los libros, pues mi pareja tiene otro tipo de gustos.

Sin embargo, siempre ha respetado e impulsado mi amor por los libros.

Cuando llegamos a Buenos Aires, en medio de tantas cosas por hacer, había un panorama que sí o sí teníamos que realizar: Conocer la librería El Ateneo (aprovechamos para hacerle propaganda jaja).

De hecho tod@ aquel/lla que sea amante de la lectura, si está en esta hermosa ciudad, le sugiero que vaya a conocerla, es un regalo para el alma.

Por distintas razones, cuando íbamos a ir algo pasaba y terminábamos haciendo otra cosa.

Hasta que llegó el tan anhelado día:

Llegamos, luego de una tremenda caminata, si algo recuerdo de esas vacaciones es que dejamos los pies en las calles, literalmente.

Y al entrar, sentía que el corazón se me iba a salir, ver tantos libros, una infraestructura majestuosa a mi modo de ver, pues esa librería está donde antes había sido un teatro.

Tres pisos de libros y más libros.

Era mi sueño hecho realidad.

Yo era como una niña, cuando le das por primera vez un dulce o cuando le entregas ese regalo que tanto esperó.

Sentí tanta emoción que sin querer ser exagerada, algunas lágrimas resbalaron por mis mejillas de pura alegría, de puro agradecimiento, de poder estar ahí y más de estar con mi amor.

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La mística del amor

Cada mañana al amanecer inicio el día agradeciendo el regalo de la vida, de saber que mis sentidos, que mi cuerpo despiertan y están sanos para continuar este camino llamado vida, el que a pesar de tener piedras en él sé que las puedo esquivar y que voy sin prisa para lograr cada uno de mis sueños.

Como soy amante de la vida y la naturaleza y obviamente del universo cada día les pregunto con qué me sorprenderán?

Pues para mí se ha convertido en mi juego diario, ya que cada día algo nuevo ocurre, a veces el canto de un pajarito en la ventana que me mira y cuando intento fotografiar se esconde, creo ahí que es un ser querido que ha partido y pasa a saludarme.

A veces coloco la radio camino al trabajo y una canción que me llena de recuerdos justo aparece para escucharla de principio a fin, son regalos tan lindos y tan ideales para comenzar el día que me llenan de energía y vitalidad.

A veces esos aromas tan inusuales o tal vez tan difíciles de encontrar y en los lugares más impensados son verdaderos mensajes que llegan de regalo y que atesoro en mi corazón.

Estaba pronta a titularme y quise ir a pedirle ayuda a mi madre que partió hace ya muchos años… Fuimos caminando al cementerio con mi pareja, antes de llegar hay un pasaje llenito de árboles y mientras íbamos el fuerte viento que reinaba los azotaba y desordenaba sin piedad, mi pareja me pregunta si puedo descifrar que quieren decir los árboles? Me quedo pasmada pensando en la respuesta y de pronto de la nada ambos sentimos un olor a incienso exquisito por lo que nos quedamos mudos sólo mirándonos.

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Mi Copito

Hace unos días escribí sobre la historia de mi primera mascota, y hoy quiero compartir con ustedes lo prometido, cuando se me fue mi angelito juré y re juré que nunca más tendría otra mascota pues era terrible pensar tan solo en volver a vivir el dolor por partida doble.

Saber que podía encariñarme y que otra vez sufriera en sólo pensarlo era espantoso, por lo que pasaron algunos años y ya casi me había acostumbrado a vivir con ese dolor y sabiendo que ya no había nadie esperándome en casa. 

Vivíamos tres personas en la casa, una amante de los animales, la otra que los podía ver pero no tocar, ni menos tenerlos en casa y yo que muy resentida con ese amargo recuerdo no traspasaba la barrera de aquellos comentarios que a menudo hacían por los animales, en especial los abandonados.

Un día estábamos compartiendo y comenzamos a sentir desde el patio el maullido de un gato que se veía era muy chiquito, salimos a ver y era desesperante sentir que maullaba con tanto dolor pero que al recorrer no lo lográbamos ver, pues se escondía por temor y a la vez imploraba ayuda.

Recuerdo ese momento tan nítido, pues se me apretaba el estómago pensar que un ser indefenso clamaba por ayuda pero a la vez se escondía con tanto temor.

Pasaron tantas cosas por mi cabeza, debo reconocer que yo ante este tipo de situaciones quedo paralizada, pues pasan por mi mente tantas cosas que me las quedo pensando y claramente no actúo.

Afortunadamente estaba la amante de los animales que era mucho más aguerrida que yo, quien inmediatamente mientras yo pensaba qué hacer ella ya estaba trepada en los árboles buscándolo hasta que dio con él. 

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La ida a la iglesia

De salida del trabajo pasé por la Iglesia, a pesar de ser católica no soy de ir a misa ni nada, lo puedo respetar.

Hay muchas cosas que no comparto, por lo que prefiero de vez en cuando darme el tiempo de pasar pero que en lo posible esté sin gente y hoy era el día.

Entrar y sentir esa música tan suave y lírica que transmite paz, ese lugar silencioso donde cada paso que das hace eco, donde busco esa paz interior que solo me da la fe incondicional.

Me quedo ahí por varios minutos en silencio, es un encuentro con el Dios en que confío sin intermediarios predicando su palabra.

Una vez voy saliendo no deja de llamarme la atención la cantidad de hombres en situación de calle que utilizan las bancas para dormir o calentarse las manos, veo sus rostros, gente muy joven pero que el paso del tiempo les ha dejado muchas secuelas y pienso qué habrá pasado en sus vidas para estar así, solos, con esa mirada de tristeza, de desilusión, algunos con miradas duras…

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Acariciar tu piel

Acariciar tu piel, es sentir la suavidad que ella posee,

La templanza que se cobija en los recodos más insólitos de mis sentidos

Contemplando la majestuosa divinidad de tus suspiros

Los que van pausando a los míos.

Te veo venir como una estrella brillosa y luminosa

Que enciende en llamas mi cansado corazón

Lo revive y fortalece

Y calma el dolor de los días grises por pasión.

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