¿Qué celebramos?

En Chile las fiestas patrias se celebran el 18 de septiembre y lo que conmemoran es la Primera Junta de Gobierno con intenciones de independizarse de España.

Desde que llegué a este hermoso país, reconozco que me ha cautivado constatar cómo la gente se pone de fiesta, escucha cueca (baile tradicional), come empanada, en fin, de verdad se celebra.

Me llama la atención porque, al menos mientras viví en Colombia, la verdad más allá de un desfile militar el 20 de Julio (Día de la independencia), en las calles, no pasaba mayor cosa.

De hecho, confieso, que he sido una acérrima fans del 18 como se le conoce comúnmente, me encanta ir a los colegios donde hay juegos para compartir en familia, escuchar cueca, hasta he hecho mis intentos por aprender a bailarla.

No obstante, hay una parte de la historia de este bello país que hace que ad portas del 18 me pregunte:

¿Qué celebramos?

Cuando aún después de más de 40 años de la terrible dictadura que azotó a este país, dejando un mar de personas desaparecidas, dejando familias enteras sumidas en la más terrible angustia, dejando a todo un país, o bueno, gran parte de la población, presa del terror, dejando grabada en la memoria colectiva de un país que quien habla las paga…

¿Qué celebramos?

No se confundan queridos/as visitantes de este bello jardinconhistorias, esto no tiene que ver con ser de un partido o de una tendencia política u otra, esto tiene que ver con llamar las cosas por su nombre, sin eufemismos, sin rodeos.

Decir que aquí no hubo dictadura es escupir en la cara de las familias que aún, en pleno 2018, siguen reclamando tener noticias sobre qué pasó con sus seres queridos/as, es como decir que en Venezuela hay democracia o que lo que pasó en Alemania no fue un genocidio.

Cuando leo sobre el tema, cuando veo los documentales al respecto, cuando visité el museo de la memoria, que lo concebí como un intento justamente para que el pueblo SIEMPRE recuerde que lo que pasó NO es normal, NO es natural, que SÍ sucedió y que fue un exterminio o masacre, una tremenda violación a los DDHH (Derechos Humanos) y que NADA justifica eso, me duele la humanidad.

Cuando un funcionario del gobierno de turno dice que el museo de la memoria es de la desmemoria y lo que es peor, no sé si es consciente o no de las heridas que revive con su comentario, del dolor que provoca y cuando intenta bajarle el perfil a eso, como si todos los horrores que se vivieron “no fueron gran cosa”, “no era para tanto”, es volver a halar el gatillo de la pistola apuntando a la cabeza de las familias.

Queridos/as visitantes de jardinconhistorias esto que pasó y que sigue generando brechas entre unos/as y otros/as va más allá de una postura política porque involucra una postura ética, sí, lo que hay detrás, al menos, a mi modo de ver es:

¿Cómo resuelvo “el problema de la diferencia”?

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Elecciones presidenciales

Hace ya varios días atrás terminó otro proceso eleccionario en Colombia y nuevamente queda la misma maquinaria de siempre…

Fue impresionante cómo en redes sociales habían publicaciones a favor y en contra de cada candidato a la Presidencia de la República.

La mayoría de ellos consistían en descalificar al personaje en cuestión, mostrar los nexos que tenía cada uno, en fin.

A medida que iba observando este penoso espectáculo, el cual, ya había vivido en las elecciones presidenciales de Chile, se iba haciendo evidente una polarización de las tendencias.

Por un lado, estaban los que no querían entregarle el país a un “guerrillero” porque ni perdón ni olvido, porque no querían ser como Venezuela, porque ya basta de impunidad.

Por el otro, estaban los/as que pedían a gritos algo distinto a dar bala a diestra y siniestra (como dicen justamente en mi tierra), que querían educación de calidad, salud como derecho y no como privilegio de quienes tienen los recursos económicos para acceder a ella, continuar con el proceso de paz y sobretodo tomar distancia de el ex presidente que según decían estaba detrás del otro candidato.

A un candidato lo apoyaban figuras de la televisión, reguettoneros, entre otros/as.

Al otro lo apoyaban analistas políticos/as de la talla de Noam Chomsky, varios/as premios nobel e intelectuales/as, entre otros/as.

La mayoría de quienes apoyaban a un candidato viven fuera de Colombia, principalmente en Estados Unidos y desde sus cómodas casas están altamente preocupadas de lo que pueda pasar porque claro, si llega a pasar algo, es obvio que están en territorio colombiano para verse directamente afectadas.

Algunas de las personas que apoyaban al otro candidato viven en Colombia o fuera, en lugares dentro de Centroamérica, Europa y Oceanía y creen que sí es posible un país con más oportunidades para más gente.

Por si no salta a la vista, para mí era mucho mejor un candidato que otro; sin embargo, este escrito no se trata de mi preferencia política, se trata de que a días de haber sido elegido un candidato ya hay asesinatos de líderes y liderezas sociales, hay riesgo que la “paz” que tanto costó conseguir tambalee y se termine derrumbando y con ello vuelvan las balas cruzadas y la gente del pueblo, no quienes opinamos desde la comodidad de las fronteras, sino quienes viven allá, donde las papas queman (como dicen en Chile) mueran víctimas de un conflicto que no las refleja ni representa.

Aquí es donde me pregunto: ¿Qué esperaban?

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