Un paseo con la suegra

La mamá de mi pareja en uno de sus viajes a Chile después de compartir, de conocernos, de reír y disfrutar de la vida me pidió que la acompañara para salir de compras.

Quería llevar unos recuerdos de su paso por mi país a su gente, por lo que el día estaba ideal para salir a compartir y tener ese encuentro a solas para ver cómo nos llevábamos.

Fue así que comenzó nuestra aventura, las temperaturas se daban a favor, pues es una mujer mayor pero muy activa.

Nuestra partida fue muy entretenida, aprovechamos de conversar y reir, pues le pedí que me contara como había sido la infancia de mi pareja y su entorno.

Hasta ahí iba todo bien, procedí a preguntarle qué es lo qué le interesaba comprar para ver por donde partíamos.

Como eran cosas típicas de la ciudad no era difícil, ya que claramente sabía por donde partir.

Mi sorpresa comenzó a agrandarse cuando llegamos a un lugar y vio aquellos souvenirs que le encantaron… los que tienen un valor bastante económico.

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Vaquita a las pistas

Salgo a colación en mi trabajo y siempre miro la casa abandonada de al lado pensando en cómo estará vaquita, si se habrá acostumbrado a su nuevo hogar, de hecho siempre los vecinos me preguntan cómo estará y obviamente ninguno de quienes tanto lo cuidábamos sabemos qué responder…

Para sorpresa mía hoy al frente de la casa lo veo corriendo feliz por estas calles que tanta historia le recuerdan, parecía un niño jugando recostado en el verde de este otoño que siempre digo es mágico por la textura de sus colores, se ve bonito un poco flaco pero verlo y que me reconozca es un regalo que atesoro.

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La cosecha de papas

El día estaba exquisito… el sol apostando a regalarnos sus rayos y el aire calmito y tibio… nosotras, tres mujeres planeando lo que sería el día, una dice que quiere hacer un asado y todas corrimos  rápidamente a dar el sí.

Preparamos la salida a comprar, como hace mucho tiempo que no veíamos a una la idea era regalonearla (complacerla), así que la caminata fue llena de historias del día a día, de compartir experiencias, de lo bueno, lo malo y lo divino que ocurre cada día.

Salimos con todas las compras listas y la verdad que el camino se tornó interesantísimo y ameno, pues de verdad esto de compartir experiencias da para mucho, tanto así que entre que una hablaba y la otra reía, más la que llevaba la bolsa más liviana era la que iba más despistada, cómo no, si le habíamos dicho en reiteradas oportunidades que parecía que fuera bailando con la bolsa de papas, ya que hacía tremendas piruetas (acrobacias) con ella.

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