El día de furia de mi pareja

Hace algunos años atrás habíamos ido con mi pareja de vacaciones a visitar a una amiga muy querida, la cual vivía en uno de los lugares más hermosos que tiene este largo y angosto país.

Nuestra amiga súper preocupada por nosotros, nos había elaborado algunos posibles destinos para que conociéramos aprovechando los días que estaríamos allá.

Estos lugares se asimilaban a los que ya habíamos investigado por nuestra propia cuenta antes de llegar.

Sin embargo, había uno en particular, que nos dijo sí o sí tienen que conocer y recorrer, es hermoso y nos explicó la mística que tenía.

Mi pareja, quizá como anticipándose a cualquier situación compleja, le preguntó si para ir allá era necesario estar en óptimas condiciones físicas, ser deportista o caminante regular o algún aspecto que podría ser de cuidado o riesgo.

Lo hizo porque el lugar que nos describió nuestra amiga era un sitio donde al llegar había que hacer una caminata de ida y vuelta y como conocemos a nuestra amiga y sabemos que ella es, según nuestra óptica, de aventuras extremas, podría pasar que lo que para ella fuese fácil para nosotros implicara una sobre exigencia física o algún riesgo.

Nos respondió que no, que hasta sus padres lo habían hecho.

Aquí aclaramos que los padres de nuestra amiga no son el estereotipo de padres, es decir, ellos son, de caminar, de viajar, de cuidarse en la alimentación, o sea una mezcla entre deportista y místico.

Con ello, la verdad es que en vez de tranquilizarnos nos dejó más preocupados; sin embargo, al expresárselo dijo no se preocupen que el recorrido es fácil.

Sin más preámbulos al día siguiente partimos felices en la mañana a conocer el famoso “Muelle de todas las almas”.

Un lugar que según entendimos, fue creado por un artista en algún paraje de la hermosa naturaleza, donde luego de una larga caminata te encuentras con un puente en el que caminas y llegas hasta el mar.

Se le dice así, porque según este artista, como en ese sector se estrellan las olas del mar contra las rocas, es en ése momento donde las almas se manifiestan.

Imagínense con toda la historia y expectativa que partimos y aquí fue donde comienza la historia:

Continuar leyendo


Hay palabras que duelen más que los golpes

Hay palabras que duelen más que los golpes, y créeme que esas heridas no sanan fácil, no basta con colocarle un algodoncito porque con eso solo puedo tapar el dolor y dejar que se pudra, necesitaba limpiarlas y que así pudieran regenerarse.

Una tarde de invierno recibo la llamada de mi prima, la que hasta aquel momento era como mi hermana, me decía que necesitaba urgente conversar conmigo por mi en ese entonces, nueva relación de pareja.

Me sentía nerviosa porque conociéndola lo más probable era que para variar no era lo que ella esperaba, pues toda la vida fue igual, creo que en su juego de ser la hermana mayor se sentía con el derecho a decidir por mi.

Claramente creo que esto no fue gratuito pues yo siempre buscaba su aprobación para todo.

Esta vez para mi era distinto, sabía que al elegir a mi pareja tocaba romper con muchas cosas y entre ellas con gran parte de mi familia.

Estaba consciente de lo que quería y buscaba al menos la posibilidad de que accediera a escucharme y a conocer a mi pareja, pero eso no ocurrió.

Siempre me dijo que cualquier persona que se me acercaba tenía o algún defecto o simplemente era muy poca cosa, como si yo fuera de la realeza, que todos me iban a querer por interés y que debía casi buscarme un artista.

Yo nunca le hice caso, porque al final igual terminaba aceptándolos, pero esta vez ya en 9 años creo que ya no fue.

Recuerdo que al comenzar a conversar lo primero que me dijo es que estaba cometiendo un error y que al igual que los yogurt tenía fecha de vencimiento.

Me dijo que mi pareja era mucho para mi, porque tenia mundo, que era intelectual, estudioso y viajero y que yo no encajaba.

Ya a esas aturas en que yo aún no hablaba me dio mucha risa porque era primera vez que ahora era mucho, ya que siempre era poco.

Me dejó en claro que si tomaba esa decisión implicaba una separación con la familia.

Llegamos al punto que realmente a mi me interesaba, que era cómo iba a quedar la relación con mi sobrino y futuro ahijado.

Ahí sentí como si estuviera en un espectáculo de box pues sentía que venían patadas y golpes duros por la forma en que ella me decía sin tapujos que me olvidara de que todo iba a ser normal con él.

Que me olvidara de ser su madrina y que viviera mi vida.

Recuerdo que me sudaban las manos y sentía mi cuerpo tiritar, intentaba estar digna cuando sentía que el alma se me partía en pedazos.

No podía creer en tanto egoísmo, si bien siempre ella tuvo una forma de ser muy brutal para decir las cosas, como les digo sin gritos pero no por eso no me violentaba.

Lo único que me atreví a decir es que paráramos la conversación, que por su hijo no me preocupaba porque para mi el valor del amor va más allá del título o la “responsabilidad” de ser madrina.

Le dije que no lo compartía y que me dolía pero que esperaría que él creciera pues apenas tenía 3 añitos y que lo que habíamos construido nos delataría con el pasar del tiempo.

A pesar de ser un relato muy duro creo que mi sobrino y yo logramos trascender muchas barreras, hasta el día de hoy él tiene 12 años y nuestro amor sigue intacto.

Luego de pasar por muchos desacuerdos para poder vernos y esperar a que creciera y pudiera él solito buscarme, lo que siempre ha hecho, logramos traspasar todas las piedras del camino.

No ha sido fácil pero ya está más grande y cada vez que viene a Chile como él dice siempre me avisa y me busca y yo le pido autorización a ella para poder verlo.

A pesar de que nunca logramos con ella volver a conversar el tema creo que se resignó y después de todos estos años de repente me escribe o me envía fotos de mi niño.

El poder del amor es tan mágico y tan increíble, pues desde bebé estuvo tan pegadito a mi que creo que fue un lazo tan potente que nos unió de manera magistral y hoy lo veo como dos o tres veces al año e intento disfrutarlo.

Ya sus conversaciones van cambiando, ya vamos dejando los juegos para centrarnos en conversaciones mas de grandes como dice él y yo vivo agradecida de ese regalo, el de sentir cómo nos amamos y de cómo el aceptó a mi pareja y le quiere y respeta.

Tuvimos que dolernos, tuvimos que llorarnos y extrañarnos pero al final siento que valió la pena pues si perdí a una prima creo haber ganado a un ser maravilloso que me refleja la inocencia y la bondad en esa mirada dulce que en él habita.

El me dice que me quiere feliz, que me ama a mi y a mi pareja y eso lo hace sentir en cada visita.


¿Crees en las señales?

Hace bellos y hermosos 9 años comencé la mejor aventura de mi vida, esa que te hace decidir y luchar, enfrentarte y atreverte a hacerle frente al mundo, aquella que sólo la intuición es guía y que es acompañada de claras señales que van dándote pistas de que es tu momento y que vas a la segura.

Se preguntarán de qué estoy hablando. Pues bien, es precisamente de lo que nos mantiene en pie, de lo que necesitamos para nutrir y embellecer nuestra alma, lo que purifica cada célula de tu piel… el Amor.

Crecí creyendo en cada cuento de hadas que me contaban, crecí pensando y sintiendo el amor en todos sus matices, sin embargo,  con el correr de los años todo se fue tornando de colores abstractos y poco nítidos que cambiaban mi forma de verlo, de sentirlo, pero de igual forma lo añoraba.

La ilusión estaba rota, pues pensaba que cada cuento de hadas de final feliz no era más que historias narradas en donde todo era bueno y en lo real no existía.

Estuve emparejada 6 años y junto a mi familia éramos todo un clan, en donde todo lo que hacíamos era comunitario, tan así que con mi en ese momento pareja habíamos perdido ese espacio de pareja, si bien es cierto nos queríamos y lo pasábamos bien pero si lo puedo graficar de mejor manera diría que éramos unos super amigos.

Si lo pienso creo que como pareja disfrutamos un año de los 6, ya el resto era el disfrute de estar juntos entre su familia y la mía, idas al campo, salidas a comer, disfrutar de tardes de canto, en fin, llegaba la hora de despedirnos y nosotros ya ni hablábamos sin ellos.

Tanto era el cariño de mi familia por mi pareja que cada ve se empezó a notar más ese claro interés porque en todo lo que hiciéramos estuviese… ya a mi no me veían.

Esto me llevó a aislarme, a sentirme extraña y claramente comencé a ilusionarme con que quería y anhelaba un cambio… pero obviamente no pasaba nada porque la rutina era trascendental en mi casa y familia.

Cuando ya sentía que debía quedarme cómodamente incómoda, es decir, rendida viendo cómo la vida pasaba frente a mis narices mi familia me pide que vaya a una de sus casas pues tenían una comida y querían que yo conociera a sus invitados.

Recuerdo que me negué tanto que me puse de mal genio con tanta insistencia, como vivimos en casas casi pegadas a mi tía no se le ocurre mejor idea que comenzar a golpear la ventana y gritar que me esperaban.

Me sentía como entre la espada y la pared, si me preguntan, creo que con ella jugaba a ser la rebelde, pues como es tan dominante yo no quería darle en el gusto, pero algo me decía que debía ir.

Continuar leyendo


Una noche de quemas

Hace un año viajé a una isla hermosa llena de mística y de historias de brujos, una isla donde nuestros abuelos nacieron, hombres y mujeres de esfuerzo que tuvieron que dejar sus tierras desde niños para irse a otras ciudades y desde corta edad empezar a trabajar para llevar el pan a casa…
Hoy esa isla mágica conocida como Chiloé llena de paisajes hermosos donde el verde de sus praderas y sus emblemáticas iglesias forjan diariamente la historia de aquellos viejos que ya partieron y hoy honran sus memorias.
Llegar es todo un desafío pues primero viajamos en avión, después en barquitos que te mecen suavemente mientras ves las toninas (animales parecidos a delfines) saludando a los viajeros que van en busca de sus sueños.
Los días son cálidos llenitos de sol, te maravilla ver sus casitas antiguas afirmadas de troncos de madera que salen del mar, conocidas como palafitos.
Qué mejor que ir con tu pareja a recorrer esos paisajes en donde de seguro caminaban tus abuelos.

Llegar a destino y que tu mejor amiga te esté esperando porque por ahora vive allá.
Es uno de los tantos regalos que la vida me da día a día y de los cuales soy una eterna agradecida.
Llegar y recordar que hace años tuve la posibilidad de ir me hacía evocar algunas cosas.

Por ello para mi no era terrible que los viejitos de calle estuvieran esperándote a la llegada para darte su singular bienvenida y pedirte unas monedas…
Mi pareja no conocía nada de aquello por lo que no le gustaba mucho ese primer momento pero claramente con mi amiga le explicamos y lo entendió tornándose en risas saber que claramente no estamos acostumbrados a eso.
Llegar a su casa que estaba en un cerro gigantesco y que nos esperaran sus grandes perros era toda una aventura para mí, ya que, si bien me gustan, los prefiero lejos de mí, pues les tengo miedo.
Ella amablemente se coordinaba con mi pareja para acurrucarlos mientras yo entraba a su hogar, pues a decir verdad los perros eran de mi porte entonces no era bueno hacerme la valiente (risas).
La vista es privilegiada pues a tus pies están todas las islitas con su singular brillo y esos pedacitos de mar se conjugan para embellecerse con el encanto de la luna, unas copas y una buena conversación bajo este bello paisaje y sueño cumplido… que más podía pedir.
Mi amiga bella se ha perfeccionado mucho en variados temas y nos invita a una noche de limpieza espiritual para darle la bienvenida al nuevo año y quemar el año que pasó, me dice que hay que aprovechar la luna llena que viene para ese ritual.
Como andábamos de vacaciones y con ganas de experimentar cada regalo accedimos a ir.

Continuar leyendo


Examen de conducción

El gran día

En una historia anterior les conté sobre el proceso que viví para aprender a conducir.

Si aún no la has leído te invito a que deambules por las estaciones y revivas junto conmigo ese momento.

Como todo en la vida tiene un comienzo y un final, en mi caso había llegado justamente el instante de cerrar este ciclo o quizá continuar manteniéndolo abierto, me refiero a que había llegado la hora de enfrentarme a sacar la licencia de conducir.

Para ser sincera no era la primera vez que me veía enfrentada a este proceso:

En Colombia hice un curso para manejar y de hecho saqué licencia de conducir.

El asunto es que en ese entonces, era más un requisito que otra cosa, porque si hacías un curso (obviamente pagando por él), te hacían sólo el examen psicotécnico y teórico.

No había examen práctico, entonces, había un 100% de probabilidad que obtuvieras dicho documento.

Bueno, siendo realista la posibilidad era de un 99% (en caso que no estudiaras).

En cambio en Chile, el examen incluye tres partes: Prueba psicotécnica, prueba teórica y prueba práctica (salir a conducir teniendo como copiloto/a al/a evaluador/a).

Habiendo clarificado el panorama al que me enfrentaba, mi día había llegado.

Mi pareja como siempre cómplice y partner me acompañó en esto, además porque el examen de conducción se había transformado en un mito urbano:

Historias como que quienes se presentaban le pedían al/a evaluador/a que se colocara el cinturón de seguridad, éste/a no accedía y si le insistías, ¿qué tanto? Te reprobaban.

Ojo que esto no fue mito, me lo contó una conocida, que le había pasado a su hija.

Historias como que quienes te evaluaban te pedían que te estacionaras donde no correspondía o que hicieras alguna maniobra prohibida para “probarte” y si accedías te reprobaban y si no también.

En fin, para ser sincera, iba dispuesta a encontrarme con el típico personaje villano de cualquier libro, teleserie, película, en fin.

A mi paso salió un caballero quien de manera muy escueta (para ser honesta seco) que me dijo “¿dónde está su auto?”

Yo lo señalé y partimos hacia esa dirección.

A estas alturas ya no veía a mi pareja. Éramos sólo el señor evaluador, mi jeep y yo.

Nos fuimos, yo como me imagino es natural en estas situaciones, iba súper nerviosa, manos heladas y transpirando, corazón latiendo a mil.

Eso sí como he dicho en otras historias, siempre digna, o como dicen por ahí antes muerta que sencilla.

El examen práctico contiene 2 recorridos: El primero es opcional (te dan varias rutas y tú eliges cuál quiere tomar) y el segundo te lo indican. Para cada uno de ellos hay un límite de tiempo y si estando en el primero se cumple el tiempo pasas de inmediato al segundo.

En total son aproximadamente 25 minutos de conducción.

Iba súper bien, según mi percepción, en el primer recorrido, o quizá era un intento de mi parte por darme ánimo, si no lo hacía yo ¿entonces quién? El señor con cara de enojo o metralla (como dicen en mi país) que iba al lado?

Hasta que llegamos al segundo recorrido y cuando me pide que cruce por un lado había un bus gigantesco estacionado justamente en esa esquina, entonces no pude doblar y tuvimos que cambiar de tramo.

Nos adentramos por una parte de la ciudad que no conocía y eso sí que era arriesgado para mí porque se podría duplicar la probabilidad de cometer infracciones o errores caros al desconocer el terreno por el que manejaba.

Para mi sorpresa, salió bastante bien, nuevamente, desde mi punto de vista.

Hasta que llegó el momento de estacionarme, que era justo afuera de las oficinas donde me había presentado a tomar el examen.

Ese es un lugar de la ciudad muy transitado, siendo horario de mañana había bastante movimiento, por lo que NO había estacionamiento disponible.

Continuar leyendo


Esto sí que es química

La química que se conforma en la pareja si la sabes descubrir y compartir es interesante y exquisita, cuando ya son años de relación no necesitas hablar, pues con la mirada o algunos gestos ya sabes de qué estamos hablando.

Eso me pasa con mi pareja, somos partner a toda hora, hasta por mensajes, y esto se torna muy entretenido, pues a decir verdad a veces es incómodo estar en algunas situaciones que la vida te coloca y donde no puedes decir lo que quieres por respeto al otro.

Nos tocó compartir un cumpleaños de una muy querida amiga, la generosidad de su familia y de ella siempre nos llenan de gozo y alegría pues son muy cálidos y amenos.

Claramente tienen otra forma de vida muy distinta a la nuestra, pero no tenemos problemas en acomodarnos y de verdad nos hacen sentir bien así que se pasa bonito igual. Pero llegan otras amistades de ella y hablan de cosas que para nosotros no son importantes, pues en ese mundo de grandezas para algunos nosotros no encajamos, más bien y como siempre digo disfrutamos de lo simple no de lo superficial.

Continuar leyendo


El Planetario

Esta historia tuvo su origen durante las vacaciones con mi pareja. En esta oportunidad decidimos visitar Argentina, específicamente Buenos Aires, totalmente recomendado, simplemente espectacular, eso sí, si lo que buscas es llegar a una ciudad grande, con múltiples ofertas, que no duerme, o al menos la mayor parte del tiempo está despierta…

Entre los lugares que elegimos conocer fuimos al Planetario y a mí se me ocurrió como sorpresa, ingresar al show que realizan en éste. Así que súper emocionada invité a mi pareja y como sé que tiene temas de vértigo, bueno, realmente, son crisis de pánico, decidí para no espantar que una vez adentro del salón del Planetario le iba a contar de qué se trataría el espectáculo. Éste consiste en que realizas un viaje espacial, literalmente, porque las imágenes son impresionantes, así como el sonido, de verdad dan la sensación que eres tú el/la astronauta. Sin embargo, confieso que nunca me imaginé que sería así de real, pues mi experiencia más cercana, fue hace millones de años cuando yo era muy joven (tendría 20 años aproximadamente) y fue en el Planetario de Bogotá en ese entonces.

Una vez ya adentro, luego de haberle confesado de qué creía y sabía yo por experiencia previa que se trataría el show, mi pareja además de tragar saliva me miró con ojos de “esto sólo se te puede ocurrir a ti; pero igual te amo”.

Continuar leyendo