Celebración de cumpleaños

Recuerdo que cuando mi pareja iba a cumplir 40 años, entró probablemente en aquello que suele conocerse como crisis existencial.

La verdad no sé si a esa edad suele pasar o qué pero la cosa estuvo jodida porque andaba en silencio y eso sí que es un síntoma que algo estaba sucediendo.

No tenía muchas ganas de hacer cosas, lo cual es menos raro que el silencio; pero es igual extraño.

Cuando le pregunté qué le pasaba, me respondió que a estas alturas de su vida se sentía en soledad, es decir, conmigo y nuestro gato y pare de contar.

Sin familia, sin amigos/as, es como si se preguntara qué pasó y que eso le daba tristeza.

Ni pa qué les digo qué me contestó cuando días después le pregunté si quería hacer algo para su cumpleaños…

En fin, la situación estaba crítica y la verdad yo estaba preocupada, no sabía qué hacer, lo que sí tenía claro era que algo tenía que hacer y lo que fuera que se me ocurriera tenía que ser especial, o al menos, hacerle sentir así.

Lo primero que hice fue intentar por mí misma identificar qué podría ser y para ser sincera no se me ocurrió nada…

Luego proseguí a preguntarle a mis amigas, quienes me dieron algunas ideas; sin embargo, no me convencieron del todo.

Lo que sí reconozco es que esto fue el puntapié inicial para que a partir de las respuestas de mis amigas, me diera cuenta que había mucha gente que a mi pareja al menos le tenía estima, incluso varias de mis amigas le quieren y entonces ahí se me iluminó la bombilla (expresión en Colombia que se usa para decir que se me ocurrió una idea).

El problema no era que mi pareja estuviera en soledad, el asunto es que las personas que le quieren y le tienen estima no están acá, cerca de nosotros.

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El poder del amor

Durante toda mi vida me ha costado trabajo obtener cada cosa, mis logros han sido fruto del esfuerzo.

No sé si en algo tendrán que ver las palabras de mi mamá diciéndome “la vida es dura mija”, “hay que romperse el lomo para conseguir sus cosas”.

Con ello se refería a que hay que trabajar mucho para alcanzar algo.

O simplemente que formo parte de ese 99% de habitantes en la tierra para quienes la lucha es diaria y surgir es sinónimo de esfuerzo, sacrificio, perseverancia y muchísima tolerancia a la frustración.

En fin, la historia con mi pareja por supuesto, no podía estar exenta de ello; no obstante ése no es el relato que traigo para ustedes hoy.

Al menos no en lo que se refiere a cómo surgió nuestra historia de amor, por ahora les compartiré que estos 9 años de relación también han sido fruto del esfuerzo y la lucha que ambos hemos dado.

Cuando me uní a mi pareja ésta atravesaba por una difícil situación financiera.

Para resumir el cuento, estaba en franca banca rota, endeudada hasta los huesos, ello producto de relaciones de abuso vividas con su familia que de seguro, serán parte de otros relatos también.

Nunca dimensioné el nivel de endeudamiento porque yo venía de un hogar donde mi mamá siempre me inculcó que debía evitar las deudas, al menos las que no pudiera pagar.

Entonces este mundo de cobradores, saldos en rojo, cobros llegando a la casa, era nuevo para mí.

No conocía tantas tarjetas hasta que estuve con mi pareja.

De a poco nos fuimos organizando y pasados muchos años, poco a poco empezó a ir saliendo de las deudas, no es que ahora no tenga ni una, sigue pagando, sólo que ya está organizada.

Fueron años donde los sueldos que recibíamos se iban en pagar deudas.

Por ende, tuvimos también que reducir al máximo los gastos que teníamos, es decir, tratar al máximo de caminar para evitar pagar los pasajes de micro o colectivo.

Años sin saber lo que era salir de vacaciones, porque nos quedábamos en la casa.

Menos de hacer arreglos en la casa, no para renovarla sino para tapar los agujeros del techo que hacían que en los días de lluvia algunos sectores de la casa se convirtieran prácticamente en piscina.

O arreglos a la electricidad que hacían que una parte de la casa estuviera a oscuras, andábamos con velas y si encendíamos algo teníamos que apagar el resto.

Cada vez que miro hacia atrás siento tanta emoción, porque fue muy difícil, más aún, cuando su familia en vez de ser un aporte había sido la causante de esta penuria y se convirtieron en los primeros enemigos al ver que ya no estaba la que pasaba las tarjetas para que se compraran lo que se les antojara con la falsa promesa que le iban a pagar.

Y mi familia estaba lejos, no se imaginan cuántas veces añoré ese abrazo de mi mamá prometiéndome que todo iba a pasar…

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Los detalles de mi pareja

Siempre soñé con tener a mi lado a una persona detallista, romántica, que fuera capaz de disfrutar de las pequeñas cosas como yo.

A medida que el tiempo pasaba parecía que este sueño era cada vez más difuso, más irreal.

Hasta que apareció mi pareja y si bien nuestra relación no es la del cuento de hadas porque esas sólo existen en los cuentos, sí es una relación en la que nos hemos esforzado por hacerla real.

Dentro de las muchas cosas que hacen que ame a mi pareja y la elija todos los días, cada día, están los detalles que tiene para conmigo, está la manera como mira y vive la vida.

¿A qué me refiero?

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El renacer: Viajar en pareja

Amo viajar, siento que al igual que los libros, viajar enriquece y alimenta mi alma, me da un respiro, oxigena mi vida.

Desde pequeña siempre me ha gustado; sin embargo, a decir verdad, fue en la época de la Universidad donde comencé a hacer realidad este sueño.

Conocer otras ciudades, otros lugares, otros climas, otras maneras de llamar las cosas, otros acentos, otros olores, en fin, es una riqueza sin igual.

No obstante, había un elemento que siempre añoraba y difícilmente podía hacer realidad: Viajar en pareja.

Ahora aquí aclaro que pareja no de un rato, me refiere a la pareja que eliges para compartir tu vida con luz y sombra y quien también elige estar a tu lado a pesar de tus oscuridades.

Esa pareja con la que puedes ser cómplice, a la que puedes mirar a los ojos con tus miedos y vulnerabilidades y quien también puede confidenciarte sus temores y debilidades.

Recuerdo que el primer viaje que hice con mi pareja fue caótico porque además fue en medio de una pelea, es decir, ya habíamos acordado viajar y días antes de partir peleamos.

Confieso que ahí me debatí ¿qué hago?

¿Viajo o no viajo?

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Cada día intento verme

He dormido profunda toda la noche, siento el cansancio en mi cuerpo, en mi cabeza por cosas del día a día, el trabajo, la casa, las deudas… esa rutina que a veces no ve el sol.

Cada día que amanece procuro mirarme al espejo y VERME, a su vez VEO en mi rostro el paso del tiempo, y me niego a pensar que mi cara de cansada sea por esos factores.

Sé que van pasando la cuenta cada una de las preocupaciones.

Hoy cuando me miraba al espejo había algo que me decía que iba a ser un buen día, algo que aflora en mi mente y en mi corazón, esas señales que hay que saber distinguir en momentos.

Salí acompañada de mi pareja, hablábamos camino al trabajo de cómo enfrentar la rutina pero veía destellos de luz que me decían que algo ocurriría a favor.

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Visita al teatro Colón

Como ya les había mencionado en historias anteriores, fui con mi pareja de vacaciones a Buenos Aires y ésta fue una experiencia maravillosa.

Dentro de los lugares que queríamos conocer estaba el Teatro Colón.

Habíamos averiguado y sabíamos que hacían tours para recorrer sus instalaciones.

Desde niña me ha gustado el teatro y cuando vivía en Cali y podía iba a ver obras de teatro, ballet, presentaciones de orquesta sinfónica, etc.

La verdad soy total ignorante en la materia; sin embargo, disfruto mucho de estos planes y afortunadamente a mi pareja también le gustan.

Hay algo que aún no he tenido la oportunidad de disfrutar y que me encantaría hacer y es asistir a un espectáculo de Ópera.

Ahí sí que soy súper ignorante; no obstante, me imagino que me emocionaría de sobre manera.

De hecho, ése es el motivo por el que disfruto tanto de este tipo de arte, porque me conectan con otras yo que habitan en mi en otras profundidades o latitudes más allá de lo que suelo conocer de mi.

En fin, ya me estaba yendo para otro lado jaja.

Les decía que fuimos a conocer el Teatro Colón, un lugar con historia y efectivamente al llegar nos dimos cuenta que realizaban un tour.

Lo hicimos y dentro del grupo en el que íbamos (éramos alrededor de 8 personas) había 2 que participaban y respondían las preguntas del guía o le formulaban preguntas.

No prestamos mayor atención, aunque para ser sincera, me llamó la atención, porque eso no es tan común y porque lo hacían con mucha soltura y seguridad.

El recorrido fue majestuoso, el lugar maravilloso, lleno de historia, de una energía indescriptible, de verdad que es un lugar al que volvería no una si no mil veces más…

Anduvimos por todos los pisos, el guía, un joven, nos explicaba desde el material con el que fue construido, hasta quiénes eran los arquitectos o el gobierno de turno, los primeros espectáculos, etc.

Era fascinante escucharlo.

Hasta que llegamos al palco que es la zona más apetecida del teatro por lo que le entendí al guía.

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Visitas inesperadas

Siempre intentamos planear distintos fines de semana, esos que nos llenan el alma, pues es la posibilidad de estar en casa o no depender del tiempo para hacer lo que queramos.

Así fue como este fin de semana estábamos motivados por pasar momentos exquisitos y fue así que disfrutamos segundo a segundo.

Al llegar la noche y ya con ganas de descansar nos vamos a acostar pensando y sintiendo esos deseos por dormir sin un despertador, que díganme si no es maravilloso.

Estábamos acostados cuando comenzamos a ver no una sino varias tijeretas, para quienes no las conocen son unos bichos horribles y muy feos que entran a las casas a pasear sin permiso.

Dicen que no puedes matarlas pues ellas como son muy artistas si las matas dejan sus asquerosos huevos lo que permite que se multipliquen.

A decir verdad, son horribles y nosotros les tenemos asco.

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Visita a la librería El Ateneo

En una de las vacaciones que tuve con mi pareja tuvimos la posibilidad de visitar Buenos Aires y como ya he mencionado en otras historias, es una ciudad, que nos gustó.

Yo soy la de los libros, pues mi pareja tiene otro tipo de gustos.

Sin embargo, siempre ha respetado e impulsado mi amor por los libros.

Cuando llegamos a Buenos Aires, en medio de tantas cosas por hacer, había un panorama que sí o sí teníamos que realizar: Conocer la librería El Ateneo (aprovechamos para hacerle propaganda jaja).

De hecho tod@ aquel/lla que sea amante de la lectura, si está en esta hermosa ciudad, le sugiero que vaya a conocerla, es un regalo para el alma.

Por distintas razones, cuando íbamos a ir algo pasaba y terminábamos haciendo otra cosa.

Hasta que llegó el tan anhelado día:

Llegamos, luego de una tremenda caminata, si algo recuerdo de esas vacaciones es que dejamos los pies en las calles, literalmente.

Y al entrar, sentía que el corazón se me iba a salir, ver tantos libros, una infraestructura majestuosa a mi modo de ver, pues esa librería está donde antes había sido un teatro.

Tres pisos de libros y más libros.

Era mi sueño hecho realidad.

Yo era como una niña, cuando le das por primera vez un dulce o cuando le entregas ese regalo que tanto esperó.

Sentí tanta emoción que sin querer ser exagerada, algunas lágrimas resbalaron por mis mejillas de pura alegría, de puro agradecimiento, de poder estar ahí y más de estar con mi amor.

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La mística del amor

Cada mañana al amanecer inicio el día agradeciendo el regalo de la vida, de saber que mis sentidos, que mi cuerpo despiertan y están sanos para continuar este camino llamado vida, el que a pesar de tener piedras en él sé que las puedo esquivar y que voy sin prisa para lograr cada uno de mis sueños.

Como soy amante de la vida y la naturaleza y obviamente del universo cada día les pregunto con qué me sorprenderán?

Pues para mí se ha convertido en mi juego diario, ya que cada día algo nuevo ocurre, a veces el canto de un pajarito en la ventana que me mira y cuando intento fotografiar se esconde, creo ahí que es un ser querido que ha partido y pasa a saludarme.

A veces coloco la radio camino al trabajo y una canción que me llena de recuerdos justo aparece para escucharla de principio a fin, son regalos tan lindos y tan ideales para comenzar el día que me llenan de energía y vitalidad.

A veces esos aromas tan inusuales o tal vez tan difíciles de encontrar y en los lugares más impensados son verdaderos mensajes que llegan de regalo y que atesoro en mi corazón.

Estaba pronta a titularme y quise ir a pedirle ayuda a mi madre que partió hace ya muchos años… Fuimos caminando al cementerio con mi pareja, antes de llegar hay un pasaje llenito de árboles y mientras íbamos el fuerte viento que reinaba los azotaba y desordenaba sin piedad, mi pareja me pregunta si puedo descifrar que quieren decir los árboles? Me quedo pasmada pensando en la respuesta y de pronto de la nada ambos sentimos un olor a incienso exquisito por lo que nos quedamos mudos sólo mirándonos.

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El día que me elegí

Aún recuerdo el día que me elegí… una mañana helada de invierno, me levanté temprano con la clara intención de mirarme al espejo y VERME…

Recuerdo que pasé encerrada en el baño como una hora contemplándome en ese espejo que parecía hablarme.

Tenía claro todo lo que se me venía encima pero mi conciencia estaba tan llena de remordimientos y de culpas que poco a poco comencé a descargarlas en suaves y tiritones suspiros, esos que te dejan sin aliento…

Tenía a mis yo internas debatiéndose, estaba la osada, la cobarde y la temerosa…

Sabía que romper con una relación de años en donde si leíste mi historia anterior pudiste ver que era una relación de amistad disfrazada de amor, claramente existía el amor pero ese fraternal que en nada se compara al amor real de pareja.

Recuerdo que salí del baño y fui a conversar con mi ex pareja, le dije que necesitábamos conversar, recuerdo que titubeó, evitó y casi salió corriendo pero no lo permití porque ese era el momento en que sí o sí debía enfrentarme a mi verdad y también tener el coraje de conversarlo.

Después de un rato de espera y como estaba encerrado en su pieza voy a verle y le digo que debemos conversar ahora.

Sabes que al recordarlo aún me sudan las manos y se me acelera el corazón, no por sentirme mal sino porque ese día me sentí  grande.

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