Elecciones presidenciales

Hace ya varios días atrás terminó otro proceso eleccionario en Colombia y nuevamente queda la misma maquinaria de siempre…

Fue impresionante cómo en redes sociales habían publicaciones a favor y en contra de cada candidato a la Presidencia de la República.

La mayoría de ellos consistían en descalificar al personaje en cuestión, mostrar los nexos que tenía cada uno, en fin.

A medida que iba observando este penoso espectáculo, el cual, ya había vivido en las elecciones presidenciales de Chile, se iba haciendo evidente una polarización de las tendencias.

Por un lado, estaban los que no querían entregarle el país a un “guerrillero” porque ni perdón ni olvido, porque no querían ser como Venezuela, porque ya basta de impunidad.

Por el otro, estaban los/as que pedían a gritos algo distinto a dar bala a diestra y siniestra (como dicen justamente en mi tierra), que querían educación de calidad, salud como derecho y no como privilegio de quienes tienen los recursos económicos para acceder a ella, continuar con el proceso de paz y sobretodo tomar distancia de el ex presidente que según decían estaba detrás del otro candidato.

A un candidato lo apoyaban figuras de la televisión, reguettoneros, entre otros/as.

Al otro lo apoyaban analistas políticos/as de la talla de Noam Chomsky, varios/as premios nobel e intelectuales/as, entre otros/as.

La mayoría de quienes apoyaban a un candidato viven fuera de Colombia, principalmente en Estados Unidos y desde sus cómodas casas están altamente preocupadas de lo que pueda pasar porque claro, si llega a pasar algo, es obvio que están en territorio colombiano para verse directamente afectadas.

Algunas de las personas que apoyaban al otro candidato viven en Colombia o fuera, en lugares dentro de Centroamérica, Europa y Oceanía y creen que sí es posible un país con más oportunidades para más gente.

Por si no salta a la vista, para mí era mucho mejor un candidato que otro; sin embargo, este escrito no se trata de mi preferencia política, se trata de que a días de haber sido elegido un candidato ya hay asesinatos de líderes y liderezas sociales, hay riesgo que la “paz” que tanto costó conseguir tambalee y se termine derrumbando y con ello vuelvan las balas cruzadas y la gente del pueblo, no quienes opinamos desde la comodidad de las fronteras, sino quienes viven allá, donde las papas queman (como dicen en Chile) mueran víctimas de un conflicto que no las refleja ni representa.

Aquí es donde me pregunto: ¿Qué esperaban?

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