Movimientos feministas

Déjenme contarles que desde hace ya un tiempo y especialmente durante este año, en Chile, los movimientos feministas han sido noticias por las diversas manifestaciones y protestas que han desarrollado.

Cada quien podrá tener sus propias apreciaciones sobre lo que entiende por feminismo y por movimientos feministas; sin embargo, el hecho es que han dado de qué hablar, estando en la palestra pública.

Estas manifestaciones están junto con otras como los derechos de las personas transgénero a tener su propia identidad, el derecho al aborto en 3 causales (violación, inviabilidad del feto o riesgo de muerte de la madre), ley Zamudio a propósito de un joven que fue vil y cruelmente asesinado y torturado por su orientación sexual, y que con esta ley se busca decir NO a cualquier forma de discriminación.

También han surgido otras leyes como la del acoso callejero que lo que busca es evitar que las mujeres sean víctimas de piropos malintencionados o que tengan una connotación sexual o peyorativa (eso es lo que al menos entiendo).

¿Por qué les hablo sobre esto?

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Así dan ganas de comenzar el día

Hoy salí temprano de mi hogar rumbo al trabajo, recorrí varias calles y comencé a ver la pigmentación de colores que disfruto a cabalidad cada vez que estamos en este otoño que derrite mi corazón.

Siempre camino buscando historias, pero esta vez no era propiamente de la naturaleza, era como ella junto a los seres humanos mezclándonos sin diferencias.

Le mostraba al universo que nosotros le enviamos regalos igual y que no es sólo recibir.

Iba de bajada cuando veo al señor que recoge la basura, que limpia las calles… acá ellos se ven a distancia pues le colocan unos trajes con colores vivos.

Era un hombre longevo, sus años se escondían en su caminar, con una inmensa sonrisa me da los buenos días y ya con eso estaba feliz de saber y sentir que la comunicación aún sigue viva.

De sentir que en este mundo cada vez más frío aún podemos dar señales de volver a sentir esas simples cosas que tanto nos engrandecen el alma.

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El día en que fui odiada por ser migrante

Hace ya 10 años que vivo en Chile y mi experiencia entre sumas y restas es altamente positiva, es decir, durante este tiempo me he siento mayoritariamente querida, integrada e incluso cuidada.

Sin embargo, como todo en la vida no siempre ha sido así.

Recuerdo en particular un episodio hace varios años atrás que me dejó marcada por la intensidad de emociones que generó en un momento dado.

Parte de las funciones que tenía eran ir a dar charlas preventivas a ciertos grupos etarios y dentro de éstos se encontraba personal de las Fuerzas Aéreas.

Era un día común y corriente en mi trabajo, llegué al salón donde se suponía realizaría la charla, había alrededor de 30 conscriptos o soldados, la verdad es que la terminología militar no es lo mío.

Dentro del personal que aguardaba por mi, estaba el Mayor, Sargento o no sé qué rango tendría; pero era el Jefe del personal.

Un caballero amable, me saludó con cordialidad y luego de pedirle al grupo de soldados (más bien exigirles) que se “comportaran” se retiró, no sin antes, decirme que cualquier cosa le avisara.

No sé si me estaba previniendo de algo o qué, la verdad, yo supuse que eso era parte de la lógica militar.

Al quedarme a solas con el grupo, les saludé y di comienzo, como siempre, a la charla.

El tema era delicado, pues íbamos a conversar sobre la violencia de género y para nadie es un desconocimiento, que entre los cuerpos militares, dada la mentalidad que tienen en términos de jerarquías y estructuras, el rol de la mujer, muchas veces, está supeditado a los designios de los hombres.

La verdad, hice mi mayor esfuerzo por romper el hielo y que conversáramos desde lo real, que era lo que me importaba, sabiendo, que el grupo tenía la instrucción de “comportarse” y que quizá esto hiciera que hablaran desde el deber ser.

La charla trascurrió y a medida que el tiempo iba pasando empezaron a opinar, a dejar entrever las creencias que subyacen a las prácticas que podemos tener en la vida.

Estaba logrando mi objetivo, cuando en medio de un ejercicio, uno de los soldados me mira fijamente a los ojos, como si los suyos expulsaran fuego y me dice enfáticamente “por ejemplo: a mi no me gustan los extranjeros, yo los odio, ¿qué vienen a hacer a mi país? ¿por qué no se devuelven al suyo?”

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Sí puedo ser tía

Siempre tuve la ilusión de ser tía o madrina, pero era imposible porque de partida no tengo hermanos/as, y mis primas/os hermanas/os  tienen a sus hijos/as y a pesar de habernos crecido como hermanas me hacían sentir que yo era esa tía madrina que tanto soñaba, me portaba como una mamá, disfrutaba haciendo esas tareas que a cuantas mamás les aburre, creo que a mi me gustaban porque sabía que era sólo a ratos, de hecho a medida que fueron creciendo viví experiencias tan lindas con ellos que hoy atesoro en mi corazón.

El destino conspiró en nuestra contra porque los grandes comenzamos a tener problemas de comunicación por diferencia de pareceres y ellos obviamente tomaron parte sin ni si quiera saber qué ocurría pero no los culpo por haberse alejado, atesoro esas muestras de amor vividas y hoy a pesar de que nos vemos ya nada es igual.

Con ellos tenía el sueño de que sin ser madre ellos pudieran saludarme para el día de la mamá, era un regalo que yo quería vivir que nunca llegó y que conversando con alguien muy especial me dijo que eso no correspondía, claramente si pasaba era un regalo pero obviamente yo no era la mamá de ellos. Pensé que cuando crecieran me contarían de sus cosas, podríamos ya más grandes tomarnos un café o compartir anécdotas, cosas que nunca se dieron.

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La viejecilla de gafas… Mi súper tía

Aún la veo en un rincón de la cocina, en su diván, sentada tejiendo las bufandas para sus sobrinos en una fría mañana de invierno… su forma de ver la vida era magnífica, una mujer extremadamente limpia, preocupada de que todo le combinara a pesar de no tener el disfrute de ver los colores, cocinaba y ese toque mágico que le daba a sus preparaciones no necesitaban verse sino sentirse… aquella viejecilla delgada, que caminaba mostrando en sus canas la experiencia de la vida dura que le había tocado vivir mostraba en todo su esplendor  cómo los años pasaban por su lado y la mantenían intacta a sus sesenta casi setenta años… la sabiduría en cada palabra, la sonrisa en los labios en cada conversación, sus manos con esas arrugas fruto del esfuerzo, pues para ella era difícil vivir pero la energía que irradiaba permitía que eso se mantuviera en el más completo anonimato.

Le bastaron siete años para vivir completamente “sana” y disfrutar de su familia, hermanos y hermanas, primos/as y tíos/as, del compartir con sus padres en tiempos antiguos donde se daba el espacio del disfrute, donde la tecnología no hacía de las suyas. De ahí para adelante una dura enfermedad acabó por arrebatarle la vista, imagina que de pronto todo se oscurece y te dicen que ya no podrás ver más, que eso literalmente había sido todo… En nuestras muchas conversaciones tuve el tiempo de conocer su infancia, sus dolores y amarguras y la postura con que enfrentó desde ahí su nueva situación, su nuevo enfrentar la vida… Y re-comenzó todo con esa chispa que le dieron sus siete años de vida guiándose solita y armando su propio recorrido.

Desde pequeña recuerdo que para mí era mi super tía, pues no entendía cómo ella andaba para todos lados, lavaba, cocinaba, planchaba, combinaba su ropa, sabía dónde dejaba sus remedios y cómo diferenciarlos, es que de verdad era para mí mi super tía.

Recuerdo que de noche la iba a acompañar a su pieza, pues le encantaba encerrarse tempranito y escuchar música, colocaba una radio viejita a pilas debajo de su almohada la que no se apagaba hasta el otro día cuando se levantaba. Eran unas conversaciones llenas de sabiduría y reflexión, siempre el optimismo y las ganas de vivir estaban intactas para ella y siempre me aconsejaba en cada cosa que le contaba.

Una noche antes de que se fuera a descansar hablamos justamente de eso, como si la vida nos estuviera preparando para separarnos, incluso reímos mucho porque ella era muy práctica, ya con su pensión de invalidez había comprado su terreno en el cementerio y su lápida, como verán era extremadamente ordenada y me decía que por favor no hiciera tal de gastar dinero en flores o misas, porque cuando ella partiera estaría tan bien que nada de eso sería necesario, como todos al hablar de este tema siempre creo que decimos “las cosas que hablas, si eres joven aún para eso”, o evitamos diciendo “no quiero hablar de eso”, pero como siempre ella tenía una muletilla que decía “yo te digo no más”.

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A propósito de “Una mujer fantástica”

Es muy difícil intentar escribir algunas líneas al respecto sin que la emoción salte por los poros y es que lo que logró el equipo de esta película el día de ayer al obtener la tan anhelada y muchas veces esquiva estatuilla de Premio Oscar va más allá del premio.

De verdad que estoy haciendo un esfuerzo por escribir desde el rincón de quien contempla sin que este documento se vuelva un texto técnico escrito por una Psicóloga, ni tampoco una apología sobre la identidad de género, si no, en realizar una observación e interpretación de todos los posibles mensajes que acompañan al Premio.

Lo primero para empezar es confesar además que no soy nada experta en cine, sólo soy una amante de las películas y hace mucho tiempo aprendí que no existen películas malas si no ojos de espectador/a a quien le cuesta disfrutar de los mensajes que encierra el cine, esos mensajes que son para la vida, más allá del enfoque de la cámara, la riqueza en libretos, etc.

La valentía que tuvo el elenco y el equipo de esta película a mí por lo menos me deja consternada, sí, porque yo me imagino que no ha de ser nada fácil, mostrar ante las cámaras y millones de espectadores/as la dura realidad que viven las personas transgénero en el mundo, y más si ese mundo es particularmente un país sudamericano que exalta y se enorgullece del macho recio. Puede que me digan que los países latinos hemos avanzado, claro que sí; sin embargo, seguimos creyendo que existen verdades absolutas y continuamos permitiendo que las religiones y demás instituciones nos digan cómo es LA vida que se debe vivir, como si fuera UNA única y repetible para tod@s…

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