Mi Copito

Hace unos días escribí sobre la historia de mi primera mascota, y hoy quiero compartir con ustedes lo prometido, cuando se me fue mi angelito juré y re juré que nunca más tendría otra mascota pues era terrible pensar tan solo en volver a vivir el dolor por partida doble.

Saber que podía encariñarme y que otra vez sufriera en sólo pensarlo era espantoso, por lo que pasaron algunos años y ya casi me había acostumbrado a vivir con ese dolor y sabiendo que ya no había nadie esperándome en casa. 

Vivíamos tres personas en la casa, una amante de los animales, la otra que los podía ver pero no tocar, ni menos tenerlos en casa y yo que muy resentida con ese amargo recuerdo no traspasaba la barrera de aquellos comentarios que a menudo hacían por los animales, en especial los abandonados.

Un día estábamos compartiendo y comenzamos a sentir desde el patio el maullido de un gato que se veía era muy chiquito, salimos a ver y era desesperante sentir que maullaba con tanto dolor pero que al recorrer no lo lográbamos ver, pues se escondía por temor y a la vez imploraba ayuda.

Recuerdo ese momento tan nítido, pues se me apretaba el estómago pensar que un ser indefenso clamaba por ayuda pero a la vez se escondía con tanto temor.

Pasaron tantas cosas por mi cabeza, debo reconocer que yo ante este tipo de situaciones quedo paralizada, pues pasan por mi mente tantas cosas que me las quedo pensando y claramente no actúo.

Afortunadamente estaba la amante de los animales que era mucho más aguerrida que yo, quien inmediatamente mientras yo pensaba qué hacer ella ya estaba trepada en los árboles buscándolo hasta que dio con él. 

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Mi primera mascota

Nunca fui de crecer con mascotas, de hecho esquivaba siempre a esos animalitos que rondaban por mi casa, nunca crecí ni con perros ni gatos, pero con el correr de los años, una tarde de rutina me encuentro con un gatito chiquitito fuera de una casa, era tan indefenso y bebé, con suerte tendría unas semanas y lo veo ahí solito, maullando como quien pide a gritos que lo vean, que lo sienta.

No pude evitar acercarme y cuando lo vi me enamoré de ese ser indefenso, era tan exquisito, de colores café con leche y blanco, la dulzura de sus ojitos pardos me cautivaron y dije… parece un ángel… así que el nombre surgió de una… se llamará Angelito…

Es así como con ayuda de otras personas me lo llevé a la casa, tenía miedo de cómo sería nuestra convivencia pues nunca en mi vida había cargado ni tocado a un gato, así que era todo un desafío….

Me tocó enseñarle que podía estar en la casa y que yo lo querría y respetaría pero que él también tenía que hacerlo, pues a mi no me gustaba que me tocara.

De verdad creo que todo era muy raro.

Por suerte en la casa había quien le hiciera mimos, pero yo debía aprender a hacerlo y de hecho lo intenté muchas veces y creo que lo logré pero no como a él le hubiese gustado creo yo….

Tuve la dicha de tenerlo cerca de seis años a mi lado y nos hicimos buenos amigos, resultó ser todo un cazador, un gato muy perceptivo, muy llevado de sus ideas y por sobre todo muy pero muy desordenado.

A veces no llegaba a la casa por días, después que lo hacía llegaba todo cochino como si tuviera una pandilla de amigos.

Una noche cerca de navidad nos quedamos solos en casa y como de costumbre la ventana quedaba abierta para que él saliera a juntarse con su pandilla, lo extraño fue que como nunca estaba muy pegado a mi y como que no quería salir.

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