El robo de la inocencia

Hoy escribo desde el silencio que guardó mi corazón cuando hace muchos años, en pleno crecimiento viví abusos de índole sexual.

Querían robarme la inocencia, a tal punto que debo decir que de cierta forma lo consiguieron.

Yo tenía apenas 9 años en una infancia que me inundaba de dicha, tenía todo lo que soñaba y estaba acompañada del mejor regalo de hija única… mi madre.

Entre tantos cumpleaños que se celebraban en casa de mis familiares y al cual asistían primos de mis primas, yo jugaba con esa pasión que tienen los niños sin ver más allá.

Los juegos eran al aire libre, al son de un columpio, de correr en campos que para mi eran gigantes.

Recorríamos de esquina a esquina ese sector detrás de una pelota, entre risas y gritos.

Hasta que una tarde como recuerdo llovía mucho nos hicieron jugar en casa, los primos de mis primas eran más grandes, recuerdo que eran 6 hombres.

Claramente todos distintos, dentro de ellos había uno que jugaba a hacerse el grande y comenzó por hacerlo con nosotras… niñas pequeñitas que no entendíamos qué era lo que pasaba.

Él comenzaba a hacerse el papá de la casa y eso incluía una voz de mando en la que inocentemente creíamos.

Desde preparar las tacitas del té a atender a las visitas pasábamos horas jugando hasta que esas visitas se iban y se quedaba él con nosotras.

Continuar leyendo


La ceremonia de titulación de mi sobrina

A decir verdad provengo de una familia pequeña, en la que del matrimonio somos 2 hermanas (mi hermana mayor y yo) y de su propia familia tengo 1 sobrina de 27 años aproximadamente.

La relación con mi sobrina cuando la miro a lo largo de estos años fue creciendo de menos a más.

Antes que ella llegara yo era el centro de atención, entonces antes que ella naciera, sentía celos y miedo que fuera a quitarme el lugar que tenía hasta ese momento.

Sin embargo, cuando nació tengo que confesar que todo cambió, me enterneció y también reconozco que el papel de mi hermana en esto fue fundamental porque no me hizo a un lado.

Todo lo contrario, me invitaba a que le diera de comer, a que la hiciera dormir, dejaba que la cargara, entonces dejaba que fuera parte de este hermoso proceso.

Yo adolescente, en ese entonces, seguí en mi mundo y cuando mi sobrina comenzó a balbucear las primeras palabras y dar los primeros pasos andaba detrás de mí.

Sinceramente, siendo adolescente, esto me molestaba o inquietaba porque como comprenderán en la adolescencia a duras penas te aguantas por rato a ti misma.

Cuando comenzó a dibujar me hacía infinidad de dibujos, podría decir sin temor a equivocarme que todos los días tenía este hermoso regalo.

De la infinidad de obras de arte que me hizo, guardo una preciada colección.

Así transcurrieron los años y yo terminé por convertirme en quien revisaba sus tareas, y quizá, a mi modo de ver, la veía.

Hasta que llegado un momento descubrí que en vez de estar siendo la tía estaba asumiendo el rol más de mamá, obviamente que darme cuenta de esto, fue gracias a un proceso terapéutico.

Ahí muy a pesar mío, decidí que era hora de asumir el lugar que me correspondía de ser tía, aún si eso implicaba dejar sola a mi sobrina en la casa, en términos de la presencia y el rol que venía trayendo con ella hasta ese momento.

Fue una transición dura y dolorosa, implicó que por decisión propia me fuera a vivir sola y ahí recuerdo las palabras de una gran amiga que me dijo: “si quieres ayudar a tu sobrina, demuéstrale que se puede ser feliz con tu propio ejemplo, que la vida puede ser distinta”.

Me costó no se imaginan cuánto, me dolió y sentí mucha culpa porque a pesar de saber que era lo que necesitaba hacer, también sabía que era abandonarla y por mi propia historia tengo temas con eso, porque sé lo que se siente ser abandonada.

Continuar leyendo


La mística del amor

Cada mañana al amanecer inicio el día agradeciendo el regalo de la vida, de saber que mis sentidos, que mi cuerpo despiertan y están sanos para continuar este camino llamado vida, el que a pesar de tener piedras en él sé que las puedo esquivar y que voy sin prisa para lograr cada uno de mis sueños.

Como soy amante de la vida y la naturaleza y obviamente del universo cada día les pregunto con qué me sorprenderán?

Pues para mí se ha convertido en mi juego diario, ya que cada día algo nuevo ocurre, a veces el canto de un pajarito en la ventana que me mira y cuando intento fotografiar se esconde, creo ahí que es un ser querido que ha partido y pasa a saludarme.

A veces coloco la radio camino al trabajo y una canción que me llena de recuerdos justo aparece para escucharla de principio a fin, son regalos tan lindos y tan ideales para comenzar el día que me llenan de energía y vitalidad.

A veces esos aromas tan inusuales o tal vez tan difíciles de encontrar y en los lugares más impensados son verdaderos mensajes que llegan de regalo y que atesoro en mi corazón.

Estaba pronta a titularme y quise ir a pedirle ayuda a mi madre que partió hace ya muchos años… Fuimos caminando al cementerio con mi pareja, antes de llegar hay un pasaje llenito de árboles y mientras íbamos el fuerte viento que reinaba los azotaba y desordenaba sin piedad, mi pareja me pregunta si puedo descifrar que quieren decir los árboles? Me quedo pasmada pensando en la respuesta y de pronto de la nada ambos sentimos un olor a incienso exquisito por lo que nos quedamos mudos sólo mirándonos.

Continuar leyendo


El poder que le cedí al miedo

 

De niña siempre lo digo tuve una infancia tan exquisita, tan perfecta que crecí pensando que el mundo era espectacular porque simplemente estaba rodeada de mi familia que eran muchos/as y recuerdo los cumpleaños, los malones, las fiestas y todos en patota. Hija única viviendo con adultos era muy entretenido pues era la regalona (modismo chileno para referirse a consentida), de ellos/as y los ojos de mi madre. Pasaba días tan lindos, en un ambiente donde al menos para mí todo era como de cuento, salía a pasear de la mano de mamá, intentaba aprender a andar en bicicleta y ella se sentaba a verme. La protección y esa unión tan fuerte que teníamos era sencillamente deliciosa y permitía que yo fuera y me sintiera la niña más feliz del mundo. A medida que llegaba la noche como yo era muy niña le pedía a mamá dormir juntas, y ahí toda la alegría se transformaba en una opresión en el pecho, pues siempre que nos acostábamos ella tomaba mi mano y me daba el beso de buenas noches y yo cuando ella lo hacía sentía mucha angustia, ganas de llorar y le decía que tenía mucho miedo de que ella se pudiera morir. Creo que ella intentaba consolarme pero que a ella igual le hacía sentido o al menos quedaba con la misma angustia no expresada.

Tuve la dicha de tenerla junto a mi hasta los 15 años de mi vida cuando un cáncer terminal le quitó la vida drásticamente, yo veía que ella se iba apagando lentamente y no podía aguantar el dolor que sentía de verla con todas esas cosas que le colocan en el hospital, por lo que le pedía con todas mis fuerzas a Dios que se la llevara y que yo me haría cargo de mi vida… creo si bien nunca me arrepentí de lo que pedí, nunca dimensioné el dolor hasta el día de hoy que siento por no tenerla, es más siempre le pido al universo la dicha de encontrármela en sueños para volver a sentirla, a escucharla, a contarle que hoy después de muchos años y de muchas tormentas tengo el amor que yo y ella soñamos, ese que te respeta, el que te acuna, el que te ama con su vida…

En esos muchos años viví nuevas pérdidas, muchas desilusiones  y fui testigo de cómo ese sueño de infancia al perder a mi madre comenzó a mostrarse en facetas horribles en donde sentí miedo, desconfianza y mucho dolor de ver y vivir cómo la gente que tanto me amaba hacía su vida y sin ningún pudor me daba la espalda en momentos en los que yo optaba por tomar mis propias decisiones, me hacían sentir que cualquier persona que me quisiera o se acercara a mi sería por interés como si yo no valiera nada y tantas miles de otras situaciones que ni en un libro alcanzaría a describir.

Continuar leyendo