Mi Copito

Hace unos días escribí sobre la historia de mi primera mascota, y hoy quiero compartir con ustedes lo prometido, cuando se me fue mi angelito juré y re juré que nunca más tendría otra mascota pues era terrible pensar tan solo en volver a vivir el dolor por partida doble.

Saber que podía encariñarme y que otra vez sufriera en sólo pensarlo era espantoso, por lo que pasaron algunos años y ya casi me había acostumbrado a vivir con ese dolor y sabiendo que ya no había nadie esperándome en casa. 

Vivíamos tres personas en la casa, una amante de los animales, la otra que los podía ver pero no tocar, ni menos tenerlos en casa y yo que muy resentida con ese amargo recuerdo no traspasaba la barrera de aquellos comentarios que a menudo hacían por los animales, en especial los abandonados.

Un día estábamos compartiendo y comenzamos a sentir desde el patio el maullido de un gato que se veía era muy chiquito, salimos a ver y era desesperante sentir que maullaba con tanto dolor pero que al recorrer no lo lográbamos ver, pues se escondía por temor y a la vez imploraba ayuda.

Recuerdo ese momento tan nítido, pues se me apretaba el estómago pensar que un ser indefenso clamaba por ayuda pero a la vez se escondía con tanto temor.

Pasaron tantas cosas por mi cabeza, debo reconocer que yo ante este tipo de situaciones quedo paralizada, pues pasan por mi mente tantas cosas que me las quedo pensando y claramente no actúo.

Afortunadamente estaba la amante de los animales que era mucho más aguerrida que yo, quien inmediatamente mientras yo pensaba qué hacer ella ya estaba trepada en los árboles buscándolo hasta que dio con él. 

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Mi hora de colación (almuerzo)

Intento vencer la rutina cada día que voy al trabajo, por ello al salir a almorzar cuento con una hora, a veces sencillamente no almuerzo y lo cambio por un exquisito café, voy a un encuentro conmigo y adonde mis pies me lleven, y hoy es un día de esos…

Me fascina sentarme en la banca del parque y ver pasar de todo…

Hasta el viento como va despeinándome e intentando quitarme la mirada, me fascina ese olor a café que tomo mientras veo niños jugando, escuchar sus risas y sus conversaciones me hace sentir añoranzas de aquellos tiempos en que fuimos niños y hacíamos lo mismo.

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La lluvia de otoño

Qué delicia es ver como caen las hojas de los árboles que suspiran como si el viento las arrojara con su fuerza, qué delicia es sentir el olor a verde junto a esas finas gotas de lluvia que caen como bálsamo en este paisaje tan tuyo y mío.

Los árboles se visten con su mejor traje, de verdes, anaranjados, café y un sin fin de colores frente a ese inconfundible arcoiris que se posa en la ventana detonando la fotografía perfecta, esa que no se revela sino que se vive intensamente….

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