La ceremonia de titulación de mi sobrina

A decir verdad provengo de una familia pequeña, en la que del matrimonio somos 2 hermanas (mi hermana mayor y yo) y de su propia familia tengo 1 sobrina de 27 años aproximadamente.

La relación con mi sobrina cuando la miro a lo largo de estos años fue creciendo de menos a más.

Antes que ella llegara yo era el centro de atención, entonces antes que ella naciera, sentía celos y miedo que fuera a quitarme el lugar que tenía hasta ese momento.

Sin embargo, cuando nació tengo que confesar que todo cambió, me enterneció y también reconozco que el papel de mi hermana en esto fue fundamental porque no me hizo a un lado.

Todo lo contrario, me invitaba a que le diera de comer, a que la hiciera dormir, dejaba que la cargara, entonces dejaba que fuera parte de este hermoso proceso.

Yo adolescente, en ese entonces, seguí en mi mundo y cuando mi sobrina comenzó a balbucear las primeras palabras y dar los primeros pasos andaba detrás de mí.

Sinceramente, siendo adolescente, esto me molestaba o inquietaba porque como comprenderán en la adolescencia a duras penas te aguantas por rato a ti misma.

Cuando comenzó a dibujar me hacía infinidad de dibujos, podría decir sin temor a equivocarme que todos los días tenía este hermoso regalo.

De la infinidad de obras de arte que me hizo, guardo una preciada colección.

Así transcurrieron los años y yo terminé por convertirme en quien revisaba sus tareas, y quizá, a mi modo de ver, la veía.

Hasta que llegado un momento descubrí que en vez de estar siendo la tía estaba asumiendo el rol más de mamá, obviamente que darme cuenta de esto, fue gracias a un proceso terapéutico.

Ahí muy a pesar mío, decidí que era hora de asumir el lugar que me correspondía de ser tía, aún si eso implicaba dejar sola a mi sobrina en la casa, en términos de la presencia y el rol que venía trayendo con ella hasta ese momento.

Fue una transición dura y dolorosa, implicó que por decisión propia me fuera a vivir sola y ahí recuerdo las palabras de una gran amiga que me dijo: “si quieres ayudar a tu sobrina, demuéstrale que se puede ser feliz con tu propio ejemplo, que la vida puede ser distinta”.

Me costó no se imaginan cuánto, me dolió y sentí mucha culpa porque a pesar de saber que era lo que necesitaba hacer, también sabía que era abandonarla y por mi propia historia tengo temas con eso, porque sé lo que se siente ser abandonada.

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Mi supuesta amiga y hermana

Hace mucho tiempo tuve la dicha de conocer a una amiga, de esas que caen como estrellas fugaces en tu vida, esas que ni te avisan, esas que con simples sonrisas llegan para quedarse y enseñarte formas distintas de ver la vida.

Creo que el poder de la amistad es infinito y poderoso y cederle poder puede ser muy peligroso pues nos inundamos de las cosas buenas y las malas quedan guardadas o nunca afloran.

Pasamos momentos muy lindos con ella, de hecho la conocí porque llegó a trabajar a mi oficina, el grupo de compañeras en ese entonces era delicioso, pues a pesar de tener a una Jefa algo loca (risas) lográbamos pasarlo bien y generar un buen trabajo en equipo.

Ella estuvo presente en muchos momentos importantes de mi vida, lo cual le agradezco infinitamente.

El tema es que esta estrella fugaz de un día para otro comenzó a alejarse, se volvió muy yo-yo (modismo que define que sólo existía ella).

Justo dejó de trabajar con nosotras y creo si mal no recuerdo que tuvimos la dicha de reunirnos tal vez un par de meses que seguían, de ahí no más.

Ya no teníamos tema de conversación, sólo era pasarlo bien y salir de fiestas, ya no existía un cómo estás…

Eso generó que yo comenzara a inquietarme, pues de pasar a compartir a diario y a reírnos de la vida y sus matices pasamos a ni vernos, ni llamarnos sin explicación alguna.

Recuerdo que hice muchos intentos de llamarla, de ir a su casa y nada.

De hecho varias veces la encontré en la calle y me saludaba muy atenta pero siempre con un tono como de “ocupada”.

Un día me avisan que fallece su hermano en un trágico accidente, obviamente dejo de lados todas mis dudas e inquietudes y pienso que lo ideal es ir a acompañarla en tan doloroso momento.

Cuando nos vimos nos dimos un abrazo tan exquisito que creo que dejaba entre ver que había mucho cariño y que aún tenía la chance de conversar con ella y ver qué le pasaba.

Claramente no era ése el momento, ella me dice que con lo de su hermano ella pretende recuperar el tiempo perdido y remediar las estupideces que hacía desde que se había salido de su centro, con esas mismas palabras que no olvido.

Yo me alegro y le digo que qué rico sería tenerla de vuelta, pues siempre hubo una conexión como si en alguna otra vida hubiésemos sido hermanas.

Si cuando fuimos de visita al cementerio hace algún tiempo nos quedamos perplejas cuando vemos la tumba de una hermana mía que falleció antes que yo naciera que lleva su mismo nombre y año de nacimiento.

Cosas así fueron las que nos generaron mucho amor y cariño, esas cosas que la vida te brinda sin aviso y que llegan como sorpresas positivas a alimentar tu alma.

Ella es de muchas palabras y fue así que cuando salimos del funeral de su hermano me prometió y juró que nos juntaríamos.

Pasó mucho tiempo y nunca lo hizo, salvo cuando mi pareja le pidió que estuviera en mi cumpleaños, que era preparado de sorpresa por lo que mucho después me enteré.

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