Mi gato y sus súper poderes

Es asombroso ver cómo los animales en sus distintas facetas nos alimentan el espíritu y nos nutren con su divina sabiduría.

Una tarde llego a casa al finalizar mi jornada laboral, la cual fue abrumadora por una infinidad de situaciones que no voy a comentar pues no vienen al tema.

Entro y saludo a mi gato, él como intuyendo la energía negativa con la que venía se me acerca y se pone intenso, yo claramente no le hago mucho caso más allá del saludo pues intento cuidarlo siempre.

El insiste en seguirme, cual acosador, lugar al que me iba me seguía, en fracción de segundos nos quedamos los dos frente a frente y lo miro a los ojos y le digo: “Hoy fue un día horrible y no quiero contaminarte”… él me mira fijamente con esos adorables ojos celestes que irradiaban su brillo.

Como sabemos, ellos son seres muy dominantes y siempre terminan haciendo lo que quieren se me acerca y no se despega de mi…

Dejo que el haga su “trabajo” pidiéndole al universo que así como él me limpia que también lo haga con él, pues para mi son tan indefensos que por mas que tengan super poderes igual sienten.

El se queda pegado a mí por varios minutos y después se retira… Yo quedo mirándolo y agradeciéndole ese bello gesto.

Me dispongo a preparar algo para comer y me llama la atención que él no aparezca, ya que siente el sonar de una simple cuchara y corre llorando a verme y a pedir comida.

Espero unos minutos y lo voy a buscar, no lo encuentro y el temor se apodera de mí, es que es insólito que si no sale de la casa pueda no estar.

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Misión Copito

Como lo prometido es deuda, según dicen en mi país, aquí está la historia sobre qué paso con Copito y conmigo una vez tomé la decisión de irme a vivir sola (y con él obviamente).

Esto pasó más o menos, al año de haber llegado a Chile y de estar conviviendo en la casa de 2 personas que amablemente me abrieron las puertas de su hogar y su vida.

Una de ellas en particular era más cercana con Copito y yo suponía, ese sexto sentido que llaman, que al compartirles mi decisión podría colocarme problemas para llevarme a Copito conmigo.

Una noche que estábamos cenando, entre comida y conversación, les dije que yo tenía intenciones de independizarme y que les informaba que iba a comenzar a buscar un nuevo lugar para mí, agradeciendo toda la hospitalidad y cariño entregados y ahí de inmediato mis mayores temores cobraron forma:

“Sí ningún problema en que te vayas pero Copito se queda”.

Fue su tajante frase.

Yo guardé absoluto silencio, reconozco que me destruyó por dentro; sin embargo, como dicen por ahí, antes muerta que sencilla. Así que digna.

Al retirarme a mi habitación esa noche, me lo lloré todo. Tenía físico miedo, como les conté en el relato anterior, Copito era mi familia, entonces no era agarrar mi ropa e irme así no más, si tenía que dejarlo, era dejar también mi corazón ahí.

Al día siguiente les conté en mi trabajo (el de ese entonces) qué me pasaba y mis compañeras solidarias conmigo, creo que porque también aprendieron a ver a Copito un poco con los ojos míos, empezaron a idear n planes para que me lo llevara.

Por su parte las amigas en Colombia y otras latitudes informadas de esta novedad y obstáculo, vía internet (es maravillosa la magia de la tecnología cuando estás lejos de tod@s) comenzaron a armar bosquejos y posibles estrategias y fue así como empezó a surgir La Misión Copito.

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