Visitas inesperadas

Siempre intentamos planear distintos fines de semana, esos que nos llenan el alma, pues es la posibilidad de estar en casa o no depender del tiempo para hacer lo que queramos.

Así fue como este fin de semana estábamos motivados por pasar momentos exquisitos y fue así que disfrutamos segundo a segundo.

Al llegar la noche y ya con ganas de descansar nos vamos a acostar pensando y sintiendo esos deseos por dormir sin un despertador, que díganme si no es maravilloso.

Estábamos acostados cuando comenzamos a ver no una sino varias tijeretas, para quienes no las conocen son unos bichos horribles y muy feos que entran a las casas a pasear sin permiso.

Dicen que no puedes matarlas pues ellas como son muy artistas si las matas dejan sus asquerosos huevos lo que permite que se multipliquen.

A decir verdad, son horribles y nosotros les tenemos asco.

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Lo que deja el pedaleo

Como cada fin de semana procuramos con mi pareja salir a pedalear por distintas calles de nuestra ciudad, es la terapia perfecta para los días en que no vamos a trabajar y tenemos el tiempo necesario para hacerlo, pues no hay límites de tiempos ni horarios, sólo que a veces quedamos en ver qué nos dice el clima, pues donde vivimos el clima es un poco bipolar, es decir, a veces tenemos todas las estaciones en corto tiempo, pero intentamos que no sea tema y cuando salimos de verdad nos desconectamos de todo.

Veo como nuestros silencios se tornan la mejor de las terapias, cómo podemos hacer paradas frente a un instante en que la naturaleza nos hace los llamados para captar imágenes, secuencias, momentos mágicos y también tristes donde hacemos la pausa.

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