Aprender a conducir

Desde que era niña soñaba con manejar un auto, carro o vehículo como quieran llamarle. Recuerdo que tendría más o menos 8 años, tomaba alguna tapa de olla de la cocina, las cajas de betún y los cepillos para sacar lustre a los zapatos, con esta confesión, estoy revelando mi edad de manera exorbitante jaja.

Me sentaba dentro de una especie de bañera o si no, así no más, en el piso y simulaba que entre las cajas de betún y cepillos para sacar brillo, eran los pedales, que la tapa de la olla era el volante y si por ahí había una sombrilla o paraguas era mi caja de cambios.

¡¡¡Listo a conducir se dijo!!!, podía pasar horas jugando a eso, imaginando que recorría grandes distancias, que a veces en vez de auto era un bus de transporte público y entonces la cosa se ponía más entretenida porque tenía que lidiar con pasajeros (tod@s en mi imaginación) y dar vuelto.

Al crecer, a los 36 años, pude comprar mi primer vehículo, es un jeep y le amo, me imagino como tod@s aman o recuerdan a su primer auto.

Ya teniendo el jeep, estaba lista para evocar esos juegos de infancia; sin embargo, tenía un problema o una dificultad: Aprender a conducir y además sacar la licencia para manejar.

Me matriculé en un curso de esos en que te llevan en un auto y el/la instructor/a anda con pedales adaptados en el lado del/a copiloto/a por si requiere usarlos.

Lo encontré súper precavido; sin embargo, el problema era cuando la instructora (en mi caso) maniobraba los pedales y yo ni cuenta me daba, o me daba instrucciones para estacionarme de reversa y yo obedecía por inercia sin comprender qué era lo que estaba haciendo.

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Los caminos de la vida

Les cuento que cuando recién había logrado obtener mi licencia de conducir decidí en un acto de valentía ir junto a mi sobrina, quien estaba de visita y a quien no veía hacía un par de años, al centro comercial (más conocido como mall) en el auto.

¿Por qué digo que era un desafío? Porque el estacionamiento allá era una prueba para mí que como les dije hacía poco tiempo había sacado la licencia de conducir.

Llegamos, yo me estacioné maravillosamente, estuvimos en el supermercado, hicimos compras, nos reímos, compartimos, todo fenomenal hasta que llegó el momento de regresar a la casa y tenía que sacar el vehículo de reversa, el asunto era que estaba en medio de otros autos y en la parte de atrás había una pared de cemento, es decir, imagínense cómo son los estacionamientos de los centros comerciales en hora pick, el espacio con el que contaba era muy mínimo, mi sobrina se ofreció a orientarme y yo en un acto de soberbia le dije que no era necesario.
Comencé el proceso de reversa hasta que escuché un estruendo y quedé helada, miré a mi sobrina y estaba pálida, cuando atiné en fracción de segundos a reaccionar me di cuenta que me había estrellado de reversa con la pared de cemento y que había destrozado el foco trasero izquierdo (lado del/a conductor/a).
Para colmo de males, había autos detrás, que me miraron con cara de ¡pobrecita! Y siguieron.

Yo la verdad, me sentí terrible, entre asustada y avergonzada. Lo único que atiné fue a preguntarle a mi sobrina cómo estaba quien me respondió que bien y acto seguido llamé a mi pareja y le conté todo.
Su nivel de comprensión fue maravilloso, como siempre, me contuvo y acordamos que apenas pudiera salir del trabajo nos encontraríamos en donde yo anduviera.

Lo que de aquí en adelante pasó me produce entre risa y llanto porque partimos con mi sobrina a la aseguradora, afortunadamente tenía asegurado mi vehículo y mientras llamaba a reportar el siniestro (hasta el nombre es tétrico) estaba muy nerviosa, era la primera vez que algo así me pasaba y más encima saliendo del estacionamiento.
Típico que te preguntan ¿quién tuvo la culpa? Y yo al otro lado del teléfono con voz de culpable y cara de angustia respondía “yo soy la culpable, yo tuve toda la culpa”.

Después de esta confesión teníamos que ir a Carabineros de Chile (cuerpo policial que hasta ese momento se encargaba de accidentes y “siniestros” automovilísticos) para hacer la denuncia y llevarla de nuevo a la aseguradora.

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