Mi Copito

Hace unos días escribí sobre la historia de mi primera mascota, y hoy quiero compartir con ustedes lo prometido, cuando se me fue mi angelito juré y re juré que nunca más tendría otra mascota pues era terrible pensar tan solo en volver a vivir el dolor por partida doble.

Saber que podía encariñarme y que otra vez sufriera en sólo pensarlo era espantoso, por lo que pasaron algunos años y ya casi me había acostumbrado a vivir con ese dolor y sabiendo que ya no había nadie esperándome en casa. 

Vivíamos tres personas en la casa, una amante de los animales, la otra que los podía ver pero no tocar, ni menos tenerlos en casa y yo que muy resentida con ese amargo recuerdo no traspasaba la barrera de aquellos comentarios que a menudo hacían por los animales, en especial los abandonados.

Un día estábamos compartiendo y comenzamos a sentir desde el patio el maullido de un gato que se veía era muy chiquito, salimos a ver y era desesperante sentir que maullaba con tanto dolor pero que al recorrer no lo lográbamos ver, pues se escondía por temor y a la vez imploraba ayuda.

Recuerdo ese momento tan nítido, pues se me apretaba el estómago pensar que un ser indefenso clamaba por ayuda pero a la vez se escondía con tanto temor.

Pasaron tantas cosas por mi cabeza, debo reconocer que yo ante este tipo de situaciones quedo paralizada, pues pasan por mi mente tantas cosas que me las quedo pensando y claramente no actúo.

Afortunadamente estaba la amante de los animales que era mucho más aguerrida que yo, quien inmediatamente mientras yo pensaba qué hacer ella ya estaba trepada en los árboles buscándolo hasta que dio con él. 

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La Magia de los animales

En un mundo cada vez más plástico, más no retornable, más con fecha de caducidad para todo, más imagen que realidad, más apariencia que profundidad, llegar a tener encuentros reales, de esos que nutren tu alma, que te la entibian, te hacen un masaje directo al corazón y espíritu y logran conectarte con esa niña pequeña que todos/as llevamos dentro, es un lujo, es como toparse justo con el trébol de 4 hojas…

Pues bien eso fue justamente lo que me pasó a mi hoy, de camino, temprano (alrededor de las 8 de la mañana) para el trabajo de mi pareja, exactamente al lado de su trabajo hay una casa que está desocupada porque la están vendiendo, el asunto es que al interior del patio exterior de esa casa hay un perro, sí el que era la mascota de la dueña de la casa (quien lamentablemente falleció) y que ahora no tiene doliente, salvo las personas que pasan y le dan algo de comer y el que fuera la pareja de la señora quien lo va a ver y está (según dicen) buscando qué hacer con el perro porque donde vive no se lo puede llevar. El tema es que de esto ya van varios meses y mientras tanto el pobre perro está solo.

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