Movimientos feministas

Déjenme contarles que desde hace ya un tiempo y especialmente durante este año, en Chile, los movimientos feministas han sido noticias por las diversas manifestaciones y protestas que han desarrollado.

Cada quien podrá tener sus propias apreciaciones sobre lo que entiende por feminismo y por movimientos feministas; sin embargo, el hecho es que han dado de qué hablar, estando en la palestra pública.

Estas manifestaciones están junto con otras como los derechos de las personas transgénero a tener su propia identidad, el derecho al aborto en 3 causales (violación, inviabilidad del feto o riesgo de muerte de la madre), ley Zamudio a propósito de un joven que fue vil y cruelmente asesinado y torturado por su orientación sexual, y que con esta ley se busca decir NO a cualquier forma de discriminación.

También han surgido otras leyes como la del acoso callejero que lo que busca es evitar que las mujeres sean víctimas de piropos malintencionados o que tengan una connotación sexual o peyorativa (eso es lo que al menos entiendo).

¿Por qué les hablo sobre esto?

Porque en términos del contexto social y política que está viviendo Chile, están surgiendo, teniendo voz y alzándola los movimientos sociales, entonces quiera o no quiera, esto genera resistencias, adherencias, genera algo en el/a otro/a.

Y porque he escuchado más de una vez a mujeres que frente a esta última ley sobre el acoso callejero, manifiestan abiertamente, que ya se nos pasó la mano, ya nos pusimos “exageradas”, ahora ya no nos pueden decir nada y también hombres que usan el chiste para darle una connotación de “ponerse grave” (modismo chileno que se utiliza cuando alguien se coloca serio o le da mucha importancia a algo que aparentemente no la tiene) con esto del piropo.

En más de una ocasión me he detenido de manera desapasionada a analizar estos comentarios, a intentar que el ser mujer incida lo menos posible en mi postura, aunque claramente hay un sesgo de género de mi parte, porque quiera o no, veo, vivo, me relaciono con el mundo y éste me trata como la mujer que soy.

Estas son algunas de mis reflexiones:

El tema de la ley sobre el aborto va más allá de si estás o no de acuerdo con la vida, tiene que ver, con que se está opinando sobre un proceso que está siendo llevado, quiera o no, en el cuerpo de la mujer, entonces me pregunto:

¿Por qué (en el caso de violación, por ejemplo) me tienen que obligar a cargar con algo que yo no elegí, que no fue voluntario?, ¿quiénes se creen para sentir que tienen el derecho de hacerme pasar por ello?

Claro, el feto tampoco tiene la culpa, pero por ejemplo, he escuchado casos de madres cuyo bebé es inviable y que comentan con mucho dolor que tuvieron que tenerlo en su vientre estando ya muerto. ¿Eso no es violencia de género?

En el caso de la ley de identidad de género, más allá, de si creo que es o no una aberración y que estamos viviendo en Sodoma y Gomorra (porque más o menos esos son algunos de los argumentos que se discuten en el Honorable Congreso), de nuevo ¿quién me creo yo, con qué derecho, por encima de otro/a para decirle cómo tiene que vivir SU vida?

¿Qué hacemos entonces con las personas que se sienten encerradas en cuerpos que les son extraños? ¿Los/as desterramos?

¿En qué país vivimos y quiénes nos creemos que somos para no sólo matar, si no, torturar a una persona porque su orientación sexual no es lo que yo creo que debe ser?

Más aún, ¿cómo es posible que sólo cuando algo así de atroz sucede a los/as Honorables Congresistas se les ocurre que entonces hay que sacar una ley, como si con esto (que en algo aporta) fuera por sí solo suficiente?

Frente al piropo, no es el piropo en sí, la pregunta es ¿qué hace que los hombres se sientan con el derecho de opinar y no sólo opinar para sus adentros, si no gritarlo a los 4 vientos, inclusive hacérselo saber a la mujer que va pasando por la calle, sobre el cuerpo de ésta?

¿Acaso las mujeres crecemos sintiendo que podemos ir por la vida gritándole a los 4 vientos a los hombres lo que opinamos sobre su cuerpo?

Chile es uno de los países con mayores índices de violencia de género, de violencia intrafamiliar, donde el elemento en común, es que existen hombres que se sienten que son los dueños de las mujeres, mujeres que aplauden esta forma de pensar y que se sienten que son la posesión u el objeto de un hombre.

Esto mis queridos/as contertulios/as va más allá de “ponerse grave”, esto tiene debajo elementos de dominación cultural, décadas de sometimiento y cuando los argumentos se nos acaban no queda si no echar mano de los más precario que es hacer uso de la fuerza, de la violencia para intentar acallar esas voces que se levantan y dicen “Ni una menos”…

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