Misión Copito

Como lo prometido es deuda, según dicen en mi país, aquí está la historia sobre qué paso con Copito y conmigo una vez tomé la decisión de irme a vivir sola (y con él obviamente).

Esto pasó más o menos, al año de haber llegado a Chile y de estar conviviendo en la casa de 2 personas que amablemente me abrieron las puertas de su hogar y su vida.

Una de ellas en particular era más cercana con Copito y yo suponía, ese sexto sentido que llaman, que al compartirles mi decisión podría colocarme problemas para llevarme a Copito conmigo.

Una noche que estábamos cenando, entre comida y conversación, les dije que yo tenía intenciones de independizarme y que les informaba que iba a comenzar a buscar un nuevo lugar para mí, agradeciendo toda la hospitalidad y cariño entregados y ahí de inmediato mis mayores temores cobraron forma:

“Sí ningún problema en que te vayas pero Copito se queda”.

Fue su tajante frase.

Yo guardé absoluto silencio, reconozco que me destruyó por dentro; sin embargo, como dicen por ahí, antes muerta que sencilla. Así que digna.

Al retirarme a mi habitación esa noche, me lo lloré todo. Tenía físico miedo, como les conté en el relato anterior, Copito era mi familia, entonces no era agarrar mi ropa e irme así no más, si tenía que dejarlo, era dejar también mi corazón ahí.

Al día siguiente les conté en mi trabajo (el de ese entonces) qué me pasaba y mis compañeras solidarias conmigo, creo que porque también aprendieron a ver a Copito un poco con los ojos míos, empezaron a idear n planes para que me lo llevara.

Por su parte las amigas en Colombia y otras latitudes informadas de esta novedad y obstáculo, vía internet (es maravillosa la magia de la tecnología cuando estás lejos de tod@s) comenzaron a armar bosquejos y posibles estrategias y fue así como empezó a surgir La Misión Copito.

La meta: Sí o sí llevarlo conmigo.

Los métodos: Iban desde enfrentamiento hasta secuestro o rapto.

No se imaginan las diversas ideas y estilos que surgieron. Ahí constaté una vez más que entre mis compañeras de trabajo y mis amigas había mucho recurso de creatividad, recursividad e imaginación y por qué no decirlo persuasión.

Hasta qué apareció una de ellas y me dijo: “Karen lo que tú vas a hacer, es que vas a comprarles un hermoso adorno floral con una linda dedicatoria de agradecimiento por todo.

Les vas a decir que ya encontraste lugar y que el fin de semana te vas y POR NADA del mundo les hablas de Copito.”

Especialmente en esto último fue enfática. Recuerda NO LES HABLAS de Copito.

Yo entre llantos le preguntaba que qué hacía si no me dejaban llevarlo y ella sabia y magistralmente me dijo:

“Tranquila, tú sales dama de esa casa, que después ya veremos qué hacemos. A Copito te lo llevas”.

Y la verdad no sé si fue una mezcla entre resignación porque era la estrategia más sensata o que realmente me convenció.

Decidí hacerle caso.

Esa misma noche antes de llegar a la casa pasé a una floristería (en Chile le llaman florería) y compré el arreglo floral más hermoso que tuvieran, les escribí una dedicatoria que era sincera de agradecimiento.

Yo me iba no porque me aburrieran, si no porque estaba acostumbrada a vivir sola, quería mi independencia.

Antes de entrar a la casa, oré, de hecho, durante todo este tiempo lo hice asiduamente.

Les saludé, compartimos y llegado el momento se las lancé:

Estando en la cocina, conversando, les dije que como ya les había informado previamente, había encontrado un lugar, así que el fin de semana me iba, agradeciéndoles por todo y aproveché, antes que pudieran decir algo y les entregué el arreglo floral.

Al parecer, les gustó y ahí se presentó ante mí la luz:

“¿Y qué va a pasar con Copito” Preguntó la persona que era más cercana a él.

“Justamente de él quería hablarles”. Le respondí.

Reconociendo que él estaba antes que yo llegara y que claramente yo no quería pasar a llevar a nadie, yo les dejaba esa decisión en sus manos.

En este momento del relato, aún al recordarlo, las manos se me enfrían y el corazón parece que se me va salir de los latidos que emite. Estaba frenética aparentando una calma inusitada.

“No tranquila, claro que se te va contigo” Me respondió.

De nuevo el alma volvió a mi cuerpo. Les agradecí y luego de conversar un rato me retiré a la habitación.

Al día siguiente el festejo con mis compañeras de trabajo y mis amigas era impresionante.

La misión Copito había tenido éxito, habíamos coronado.

Ese fin de semana, Copito y yo comenzamos a escribir nuevos capítulos en nuestra historia y todo gracias a los sabios consejos de una amiga dama.

 

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2 comentarios en “Misión Copito

  1. Lo máximo!!! El corazón se llena de emoción de leer estas lineas, Copito es parte tu historia, protagonista del alma.
    Y para quienes no hemos tenido la oportunidad de conocerlo personalmente, es como si fuera parte también de nuestra vida, a través tuyo.
    Abrazos a uds y a Copito.

    • Hola Aura María qué alegría leerte y saber que te gustó la historia sobre la Misión Copito!!!
      Así es Copito es parte fundamental de nuestra familia y de mis vivencias en Chile, pues como he dicho en otros relatos hay un antes y después mío a partir de él.
      En tu nombre les daré los abrazos y por favor recibe los nuestros con todo la gratitud

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