Las consecuencias de la fuga de Copito

En una historia anterior les conté sobre la fuga de Copito.

Pues bueno, ese capítulo en nuestras vidas tuvo consecuencias, lamentablemente éstas fueron para él.

Como les había dicho, al lograr recuperarlo, Copito tenía una costra en su nariz y yo, ilusamente, pensé que era un resto del árbol de pino en el que se había subido.

Groso error.

Se lo arranqué pensando en que era una esquirla del árbol que se había depositado en esa parte de su cuerpo y creí que con eso estaría todo ok.

Lamentablemente no fue así.

A los pocos días, el pelaje de su nariz comenzó a caérsele y con él le quedaba un tremendo pelón en esa delicada zona.

De inmediato lo llevé a su veterinaria.

Le conté toda la situación del escape, los arañazos, el trozo de árbol en su nariz, etc.

De inmediato le inyectó corticoides, le recetó unos medicamentos y quedamos en volver a vernos en 2 días.

Hice absolutamente todo lo que la veterinaria me indicó, seguí el tratamiento al pie de la letra.

El asunto es que al segundo día que lo llevé a control con la veterinaria aparentemente estaba un poco mejor, así que de nuevo inyección y en 2 días más control.

Pasó una semana y el tema es que le comenzaba a salir pelaje en su nariz hasta que durara el efecto de la inyección del corticoides, luego de esto volvía a pelarse.

Era angustiante, era frustrante y era inmensamente doloroso porque Copito cada vez se asustaba más al saber que había que llevarlo a la veterinaria para que lo chuzaran.

Maullaba como loco, arañaba la jaula y se enrollaba sobre sí como sabiendo que al salir de ahí le esperaba la aguja de nuevo.

Se me partía el corazón, además porque nunca desde que lo tengo, he sido un aporte a la hora de tenerlo o ayudarlo a tomar cuando lo he llevado a la veterinaria.

Por poco me pongo a llorar y más bien, la veterinaria termina consolándome a mí.

Es lamentable mi condición y por más que trato de hacer de tripas corazón (como dicen en mi tierra), me cuesta muchísimo.

Esta vez no fue la excepción, yo me quedaba con él para que al menos me viera, mientras de nuevo lo volvían a inyectar.

Ya a estas alturas no aguanté más, así que al salir de la veterinaria, decidí consultar una segunda opinión.

Llamé a otro veterinario y éste lo fue a ver a la casa, fue todo un fiasco.

Este joven no tenía idea de nada y me salió con un chorro de babas (o sea con nada).

Al día siguiente tenía control de nuevo con la veterinaria y ahí ya fui decidida a todo, ya no iba a permitir que siguiera inyectando a Copito y lo que es peor llenando su cuerpo de corticoides con lo que eso puede llegar a significar.

Al entrar a la consulta la encaré, le dije que el tratamiento que le estaba suministrando no servía de nada, que yo había consultado a otro veterinario y que lamentablemente no sabía nada tampoco.

Que me dijera qué había que hacer, si sabía lo que estaba haciendo o no y que no estaba dispuesta a permitir que le siguieran inyectando ese veneno porque mientras duraba su efecto le salía pelito y cuando pasaba volvía a pelarse.

La verdad no sé qué habrá pensado la veterinaria en ese momento, sólo sé que yo estaba decidida a hacer lo que fuera por sanar a mi Copito.

Me miró y me respondió: “Lo que podríamos hacer es tomarle una biopsia, habría que mandarla a Santiago para examinarla y ver qué pasa, porque puede ser una bacteria”.

“Hagámoslo” Le respondí.

Así fue como le tomaron una biopsia a Copito, la mandamos a Santiago, porque acá ciudad pequeña no está la infraestructura para ese tipo de exámenes (al menos no en ese tiempo).

Pasaron como quince días mientras llegaban los resultados y con éstos, efectivamente la veterinaria confirmó que era una bacteria.

Luego de haber consultado a una especialista, previa autorización mía y con los resultados en la mano me informó que era una bacteria lo que le había dado y le recetó un medicamento que había que mandar a preparar a Santiago.

Hice todo lo que me indicó la veterinaria y luego de esperar un tiempo también para que llegara el medicamento comencé a suministrárselo.

Gracias a Dios al poco tiempo comenzó a dar muestras de mejoría y lo que es mejor, se mantenían los avances, porque a diferencia de lo que pasaba con el corticoides que a los pocos días volvía de nuevo a pelarse, acá eso no pasó.

Comenzó a recuperarse y con eso las visitas cada 2 días a la veterinaria quedaron atrás.

Lo que no quedó atrás fue el trauma que esto le generó a Copito, pues hasta los días de hoy cuando hay que visitar a la veterinaria vuelven los maullidos, arañazos en la jaula y mi corazón a apretarse…

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