La vieja casona de mi tía

Recuerdo mi infancia con añoranzas y agradecimientos. Cuando era niña iba con mi madre y mi abuela a ver a mis tíos y tías a un pueblito cerca de mi ciudad.

En esos tiempos  era un panorama ideal, recuerdo que preparábamos maletas y nos íbamos por semanas.

Llegábamos a destino y todos mis tíos estaban fuera de la casa esperándonos con ansias y esos abrazos eran interminables.

Nos llenábamos de cariño, éramos un grupo grande y yo en ese entonces la única niña.

Traviesa y juguetona es como me veía, una niña feliz rodeada de amor.

Por su lado tenía un mundo de vecinos/as que me esperaban en la casa de al lado para comenzar a jugar rápidamente para aprovechar el tiempo.

Esos juegos en los que no necesitabas una consola o un computador, esos juegos donde compartías con los demás, donde podías tirar la pelota al vidrio de la vecina y esta salía con cara de enojada a decirte que no se repita.

Podíamos estar hasta altas horas de la noche y no pasaba nada malo.

Sabía que era hora de entrarme porque se sentía ese olor a comida exquisito que avecinaba que había terminado la jugarreta.

Me despedía de mis amigos y coordinábamos el día siguiente con hora y lugar… no perdíamos el tiempo.

Entraba a la casa de mi tía y continuaba para mí la diversión, pues después de cenar mi tía en compañía de mi mamá recogían la loza dejaban todo listo y jugábamos a las cartas, mientras mi abuela se iba a dormir.

Ellas eran mis mujeres todo terreno, estaban siempre conmigo y el disfrute era de ensueño.

Jugábamos hasta que a mí me daba sueño, recuerdo que mi mamá me iba a acostar y mi rutina de noche era que para dormir leía mi revista de condorito que no podía faltar en mis viajes.

Ya mi abuela durmiendo, yo en la cama de al lado leyendo y escuchando cómo mi mamá con mi tía se quedaban conversando por horas, eran muy amigas y cómplices y les faltaba horas para contarse sus cosas.

Recuerdo que cuando yo estaba por quedarme dormida golpeaba levemente la pared, pues faltaba una en la pieza para dormir. (risas)

Así pasaba un día en casa de mi tía.

Comenzaba otro día y recuerdo que despertaba con ese ruido de sentir que había mucha gente en esa casona en donde los pajaritos de mi tía cantaban desde temprano.

Tenía un loro que desde su jaula hablaba y me llamaba cada mañana. Ella le había enseñado para que jugara conmigo.

Ellas salían a hacer las compras del almuerzo y yo partía detrás, me llamaba la atención que nunca les faltaba qué conversar, recuerdo con nostalgia sus risas, se veía que disfrutaban como hermanas.

Llegábamos al negocio donde todos nos conocíamos y se alegraban de vernos. Qué tiempos tan lindos por Dios!.

Qué recuerdos tan bellos y tan imborrables en mi memoria.

Cada día era distinto, reíamos, salíamos de paseo, jugaba con mis amigos… qué divina infancia.

Con el correr del tiempo todo fue tal cual… maravillosamente hermoso.

Ya de esos años maravillosos quedan estos bellos recuerdos pues ellas partieron, esas mujeres todo terreno están de seguro en el cielo haciendo fiesta, pues se nos adelantaron.

Y yo… recordando siempre esa parte de mi infancia que me cautivó, de hecho me pasa que a menudo sueño con esos recuerdos como si ellas me lo enviaran para revivirlo.

Veo tan nítida la casona, sus puertas, esos pasillos interminables. En ese sueño logro sentir esa música fuerte que se escuchaba en la cuadra. Siento ese rico olor a comida.

Veo a mis amigos jugando conmigo y por instantes quiero no despertar sin terminar de recorrer esa casona que me vio nacer y pasar una hermosa infancia.

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2 comentarios en “La vieja casona de mi tía

  1. Los más hermosos recuerdos también los tengi de mi infancia, al recordae la visita a casa de mis abuelos maternos; gracias, al igual que tú reviví todas esa escenas que hacían de mis veranos, fiestas interminables con amigos y familiares.

    • Muchas gracias por compartir tus vivencias y qué lindo que a partir de esta historia evocaras esos bellos momentos de tu infancia. Un gran abrazo

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