La Cata y la Niña

Como ya he mencionado en historias anteriores, mi percepción y relación con los animales cambió desde que conocí a Copito.

Por el sector donde vivo hay un par de perras, mestizas, que comúnmente se les conoce como Cata y Niña.

Cata es una perra hermosa y grande de color naranjo, con unos ojos cafés profundos, juguetona y muy tierna.

Por su parte Niña es una perra gris, muy delgada, que le ladra a todo lo que se mueve y a veces emite sonidos que pueden interpretarse como aullidos.

En promedio pareciera que Cata consigue más la gracia de la gente que Niña; sin embargo, esto no ha sido impedimento para que deambulen juntas.

Se la pasan la mayor parte del día en la calle, desde muy temprano y a veces hasta muy tarde de la noche.

En ocasiones, con mucha frecuencia para ser honesta, sin importar las inclemencias del tiempo, es decir, con lluvia y viento.

Entre algún@s vecin@s sin que nos hubiésemos coordinado, nos encargamos de darles alimento y a veces, quienes pueden, cobijo.

Lo que es curioso y si aún no lo adivinan es que tanto Cata como Niña tienen dueñ@s; no obstante y para ser sincera, la manera como las cuidan deja mucho que desear.

Así han transcurrido varios años, el tiempo que hace que vivo en ese lugar y desde antes que yo llegara me cuentan ellas ya estaban.

Los encuentros con ambas se han transformado en un hermoso ritual porque cuando salgo a trabajar o vuelvo de éste, o simplemente cuando me las encuentro, saltan y corren hacia mi, se lanzan a mi encuentro y esos instantes me llenan de mucha alegría.

Cata siempre quiere ser el centro de atención, entonces tengo que ser ecuánime para que Niña también reciba cariño.

Casi la mayor parte del día están afuera de nuestra casa, cuidándola, cuidándonos y cuando perciben que andamos cerca de la puerta de la calle, Cata comienza a golpearla con fuerza como diciéndonos “sé que están ahí abran”.

Son un ejemplo de la lealtad, del amor incondicional, ése en el que te brillan los ojos, en el que pierdes la vergüenza y cual película romántica, sales corriendo a su encuentro sin importar que la gente te mire, que te ensucies la ropa o lo que sea.

Y tú ¿has tenido en tu vida alguna Cata y Niña por allí acompañándote?

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