El refugio del amor

Existe un lugar mágico fuera de la ciudad donde tenemos la posibilidad de ir y desconectarnos del mundo.

Es un lugar donde la señal de celulares aún no llega y eso créeme que a veces es maravilloso.

Te permite la posibilidad de perderte entre árboles, naturaleza viva y radiante que te espera.

Parece que sus árboles te estuvieran esperando, ese es el camino de entrada, ellos se sacuden con viento en contra como dándote la bienvenida.

El camino es precioso, todo verde y con esos rayos de sol pintando colores de aquel arcoiris que se posa en momentos en que más lo necesitas como una luz de esperanza.

Nos adentramos a observar con quietud la majestuosidad de ese paisaje de ensueño, los pajaritos cantan como felices que llegues.

El sonido de las cascadas de agua que se esconde entre las ramas de esos viejos árboles relaja cada una de tus emociones y sentimientos.

Las pequeñas lagunas que encuentras en el camino son verdaderas llamas de color vivo por ese sol potente que comienza a hacerse ver.

Los patitos revolotean en esa suave y cristalina agua que destila sensaciones únicas.

El día es así, con profundos silencios, salvo el canto de aquellos pajaritos que danzan entre nube y nube.

Y partimos a esa banca que cuenta historias de viajeros por el mundo, frente a una de sus lagunas.

Ya dejando las mochilas y la descarga lista nos vamos por ella en la mejor de las compañías…. Un libro.

Me enamora verla sentada en esa banca, leyendo que es lo que le apasiona.

Veo en su rostro esa gratitud, esa bondad, ese disfrute por hacer lo que le encanta y simplemente me cautiva.

La miro sin cansarme y el silencio cómplice me permite tomar una hoja y un lápiz y escribirle.

Sin que ella lo note le escribo poemas, esas palabras de amor infinito que por ella siento y que fluyen con solo verla.

Quisiera quedarme allí por toda la vida…. Saber que estás con el amor de tu vida, con la templanza de la bendita naturaleza, gozando de ella créeme que eso no tiene precio.

Que mejor regalo que estar aislados, desconectados, dejar de lado la televisión, el ruido de los vehículos, ese ruido externo que a veces es chocante por todo lo que escuchas.

Nuestras almas nos piden visitar lugares así, nuestros corazones piden ese silencio para la intimidad, para encontrarnos y reencontrarnos con cada uno de nuestros sentidos.

Pasamos tres días en aquel lugar que para mí es un paraíso, donde nos revitalizamos, donde dejamos todo en el más completo olvido para estar juntos.

Esos instantes que generalmente el tiempo no nos encuentra por esa falta de horas del día a día o por las excusas que sobran.

Vivir ahí esos días es un regalo bendito que se atesora, es la mejor escapada para retomar las energías necesarias de volver a lo cotidiano.

Las noches son perfectas, bajo la luna en aquella banca sentados disfrutando de esas conversaciones incansables, tomados de la mano y acompañados de un café.

El frío se siente pero a la vez se vive, las suaves gotas de lluvia permiten el dulzor que le faltaba a ese café y lo convierte en perfecto.

Es necesario que te escapes, que huyas de la ciudad de vez en cuando, cuando el ruido se torna desesperante, cuando lo externo ya comienza a superarte….

No lo pienses, solo parte, renueva esas energías ya desgastadas y vive la vida como si el mundo fuera sólo el presente.

Los destellos de luz que caen de esa suave noche que te acuna y te abriga iluminan tu vida.

Sucumbe ante los deseos que pide a gritos tu alma y escúchala que te habla fuerte y claro.

Vive y disfruta intensamente y atiende su pedido… créeme que eso si es urgente.

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