El llamado del alma: Vivir en Chile

Como les había dicho antes, me encanta viajar y desde hacía un buen tiempo estaba pensando y buscando opciones para irme a vivir por un tiempo fuera de Colombia, ojalá y a estudiar, esto con el fin de poder tener una perspectiva de mi país viéndolo desde fuera, necesitaba alejarme de él, de mi historia en él, de la identidad que construí allí, en fin, necesitaba empezar de nuevo, quizá…

Obviamente como algún@s latin@s, tenía el sueño americano, así que mis países de destino eran Estado Unidos o cualquiera de Europa, ni por equivocación me fueran a decir algún país de Suramérica porque entraría en cólera de la indignación, eso sí sin un peso pero digna, jaja. Por ende, cuanta beca existía, cuanta beca postulaba y entre medio, apostillaba mi título e iba haciendo todos los trámites necesarios para ir adelantando trabajo.

El problema era que de todas las postulaciones que hice, en ninguna quedaba, era intentar encontrar una aguja en un pajar, literalmente. En medio de esto, luego de haber quedado desempleada y de sentirme desilusionada al sentir que había entregado más de mí en mi último trabajo para que en un abrir y cerrar de ojos decidieran prescindir de mis servicios, el panorama se me fue estrechando y con eso también se iba achicando o asfixiando mi alma.

En medio de este estado de devastación en el que me encontraba de repente una amiga, me propuso que la acompañara a Chile porque ella iba a presentar un capítulo de su tesis de magíster en un seminario e iba a aprovechar para pasar a visitar a otra amiga colombiana que llevaba viviendo ya varios años en ese país. La verdad no lo pensé 2  veces, ni siquiera supe porqué acepté pero lo hice y nos enrolamos en ese viaje.

Lo primero que hicimos al llegar fue ir a visitar a la amiga de mi amiga que vivía al sur de Chile, reconozco que me impactó el frío, el viento (más de 100 km/h), lo pintoresco de los techos de las casas porque son de distintos colores, la amabilidad de la gente que nos recibió y que sin conocerme me plantearon la posibilidad de recibirme en sus casas si decidía vivir ahí, hasta ayudarme a encontrar pega (modismo chileno para referirse a empleo o trabajo), la seguridad y tranquilidad de la ciudad, podías dejar tu auto con el motor encendido y la puerta abierta e irte para tu casa a buscar algo y al salir tu auto estaba ahí, intacto. Comprendan que para alguien que vivía en Colombia, país que lamentablemente, no se caracterizaba por ser el más seguro o tranquilo, esto era un milagro.

Con ese panorama con mi amiga nos devolvimos para Santiago al seminario en el que participaría ella como ponente, yo la verdad iba de colada porque el dinero no me había alcanzado para inscribirme en este evento, así que con mi amiga diseñamos un plan en el que yo pasaría como ayudante de ella; sin embargo, a la hora del seminario nos dijeron que como mi amiga no había informado que llevaba ayudante no podrían recibirme, así que me quedé esperándola afuera del auditorio donde en pocos minutos iba a empezar éste y ahí, de repente, otr@s compatriot@as que nos escucharon, me preguntaron si quería entrar y con mi amiga les explicamos lo que nos pasaba y ell@s nos contaron que había una promoción donde por pagar 8 personas la 9 entraba gratis y esa novena persona en su caso no había podido viajar así que si yo quería me cedían ese cupo para que pudiera entrar GRATIS al seminario (este duraba una semana), obvio que mi respuesta fue SÍ!!!

Y así fue como sin más, entré y participé de un seminario extraordinario, en el entremedio mi amiga quería consultar por un doctorado y me pidió que la acompañara a consultar en esa misma Universidad, así que la acompañé y mientras lo hacía de repente encontré un magíster que me encantó en Psicología Comunitaria modalidad semipresencial, así que pensé, yo podría vivir en el sur de Chile y venir a Santiago sólo a las clases presenciales porque el resto lo podría hacer desde allá.

Terminado el seminario, nos devolvimos para Colombia; sin embargo, la que volvía no era la misma que se había ido, porque llevaba una misión: Regresar a Chile a vivir y a estudiar y tenía el tiempo jugando en contra porque el seminario fue a fines de octubre y las clases en el magíster comenzaban en abril.

Al llegar a Colombia y compartirle a mi familia y amig@s, a mi círculo más cercano mi decisión porque eso fue una decisión, no era una corazonada, un deseo, NO, era una decisión ya tomada, la mayoría, por no decir tod@s, creyeron que me había vuelto loca, que qué iba a hacer en Chile, a dónde iba a llegar a vivir, más encima ni siquiera en Santiago si no al sur de Chile, que no conocía a la gente que supuestamente fue amable, de eso tan bueno no dan, en fin, me bombardearon de dudas, de preguntas; no obstante, yo estaba decidida, cuando recuerdo este episodio de mi vida y miro atrás, me doy cuenta que lo único que tenía era la certeza que quería, que necesitaba realizar este viaje, es verdad, no conocía a nadie, más allá de haber compartido un par de horas con algunas personas, y con esto me bastó para sentir, sí, desde el estómago, que mi alma, mi espíritu me reclamaba a gritos que me atreviera y eso hice, la vida me exigía que confiara, que me lanzara al vacío de la incertidumbre, a lo desconocido y que sin tener ninguna probabilidad de éxito, al menos lo intentara. Aquí creo necesario aclarar que no tenía ni un peso para llevar a cabo esta empresa, tenía el tiempo en contra como les había dicho, no tenía a nadie apoyándome porque creían que me había vuelto loca, entonces era un panorama desolador y lo único que tenía era mi alma pidiendo a gritos que lo hiciera. ¿Tenía miedo? Por supuesto que sí, me había vuelto loca más no insensible jaja.

Creo que si ha habido un momento en mi vida en donde confié en mí, en lo que me decía mi intuición fue éste. ¿Cómo llegué a Chile? Como lo hacemos la mayoría de l@s colombian@s de clase media, con un crédito del Estado, con unos intereses letales que empiezas a pagar desde el momento en que pisas tierra extranjera, corrí, hice todos los trámites, convencí a mi cuñado que fuera mi fiador para el crédito, vendí mis cosas, las pocas que tenía, solicité la visa de estudiante para Chile, me contacté con la gente que me había recibido tan amablemente al sur de Chile a quienes les había prometido que volvería y cuando lo hice no me creyeron (esto me lo confesaron después) y en abril estaba cumpliendo mi sueño viviendo y estudiando en Chile… De este sueño ya van a hacer 10 años, donde claramente ya terminé el magíster, y no sólo encontré un título, encontré mi lugar en el mundo, formé una familia junto a mi pareja y mi gato, construimos nuestro mundo…

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