El helado de regalo

En tiempos de feministas al poder y de distintas olas es hermoso recibir el regalo de caballerosidad que poco se ve en estos tiempos y es buenísimo convertirlo en historia.

Hoy salí del trabajo a almorzar, me fascina sentarme a ver las expresiones de la gente que acude en masa a hacerlo.

Me llama la atención ver cómo algunos casi ni comparten, pues se la pasan pegados al celular comiendo cada uno por su lado.

Observo una pareja joven, de tal vez unos 27 años, mientras ella mira las vitrinas él pide los almuerzos.

Y así desde niños haciendo lo que quieren sin supervisión de los padres hasta ancianos acomodando sus bastones para comer solos.

Pasan por mi mente un sin número de sentimientos, pues entre que hay situaciones que te hacen reír, otras son insólitas y algunas muy tristes.

Termino de almorzar y como siempre que voy a ese sitio sale mi niña interior a pedir un helado, el que se ha convertido en el favorito, pues son deliciosos salvo que quienes lo venden casi nunca saben cómo tratar al cliente.

Siempre que voy llegando a la heladería pienso con qué reacción me encontraré, tal vez esperando que algún día se reciba un buen trato.

Curiosamente delante de mí se encontraba la misma pareja que antes había visto, él preguntaba por distintos sabores y la cajera como de costumbre algo molesta contestándole, mientras él con toda su paciencia y caballerosidad preguntándole amablemente.

Su pareja continuaba fascinada mirando las vitrinas que a esa hora ya estaban cerradas.

Toca mi turno y le consulto por mi helado, me dice que sí tiene y procedo a cancelarle.

Creo que esa niña que atiende le tiene pánico a los billetes, pues lo ve y queda endemoniada, mirando casi con los ojos que se le salen y me dice: “No tengo para darle el vuelto, pues se lo di al caballero”.

Como yo ya se cómo actúan intenté descolocarla y le dije: “Yo te estoy cancelando el producto por lo que creo que te toca a ti resolverlo”, mi tono de voz fue suave, aunque reconozco que por dentro sentía lástima de ver como la mayoría de la gente ha perdido esa amabilidad sobre todo en esta zona donde yo vivo.

Claramente con lo que le dije me odió, pues su mirada estaba casi desfigurada, y no sé si te ha pasado, pero cuando alguien tiene ese tipo de reacciones no sé si te das cuenta que pasan unos segundos en que esa mirada se inunda en la tuya como queriendo ganar una batalla.

 Espero que reaccione, con toda mi calma… pasan esos segundos del terror y me dice: “Le voy a hacer los helados a la pareja primero y me tendrá que esperar y después voy a ver si consigo sencillo…”

Ese tono ya era más agresivo, por lo que le digo: “No te preocupes, tengo tiempo y te espero”. Claramente lo que yo quería era que se diera cuenta que estaba actuando mal y que sola saque su rabia porque para mi no es tema.

Obviamente nunca vio nada de eso.

En esos tantos reclamos por parte de ella el chico que esperaba su helado y el de su señora me mira y me dice: disculpa, cuánto sale su helado?, le doy el monto y me dice: No se preocupe, yo se lo compro y le deja el billete a la cajera quien a esas alturas estaba roja por la ira que sentía.

Yo le digo al chico que buscaré las monedas para ver a cuánto llego y se las doy y me dice, no se preocupe, es un regalo, y a decir verdad usted, yo y todos/as necesitamos un trato digno, así que espero pueda disfrutar de su helado.

Se retira y yo me quedo sorprendida, una vez más le agradezco el gesto, pues de verdad era todo un caballero y bajo perfil pero sin duda con un corazón de oro.

La cajera comienza a darme la espalda para preparar mi helado, mientras yo pienso… Dios quiera que no mezcle su energía con ese exquisito helado… si es trági- cómico.

Me lo entrega y yo le digo… al final me salió de regalo!!!! Cómo es la vida, aún queda gente linda que llega a sorprenderte!!! Así que trata de sonreír cuando atiendas y ponle atención a los pequeños gestos que desatan una lluvia de buena energía pero tienes que saber leerla… y me despido.

Ella me queda mirando y con esa cara de pocos amigos me intenta sonreír pero la verdad no pudo.

Qué más podemos hacer? Creo que sólo sirve llevar una sonrisa, un buen trato y la energía fluye como un torrente….

Agradezco a ese hombre de mirada tierna y varonil que me permite creer que aún quedan caballeros como esos de antes respetuosos, cálidos, amables y con quien te puedes sentir hasta protegida sin que te conozcan.

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2 comentarios en “El helado de regalo

  1. Cuesta escribir y describir un mundo en el que cada uno está encasillado en su orgullo, su soledad o sus problemas, y la empatía y la generosidad es lo que debía regir nuestras relaciones, como la del caballero del helado. Buen día.

    • Qué grata sorpresa leer tu comentario Arteiglo y tienes toda la razón cuesta mucho porque motivos para estar ensimismados/as hay por doquier, justamente lo difícil es hacer todo lo contrario y ser empático/a con el/a otro/a.
      Que tengas un bello domingo y gracias por comentar!!!

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