El día que me elegí

Aún recuerdo el día que me elegí… una mañana helada de invierno, me levanté temprano con la clara intención de mirarme al espejo y VERME…

Recuerdo que pasé encerrada en el baño como una hora contemplándome en ese espejo que parecía hablarme.

Tenía claro todo lo que se me venía encima pero mi conciencia estaba tan llena de remordimientos y de culpas que poco a poco comencé a descargarlas en suaves y tiritones suspiros, esos que te dejan sin aliento…

Tenía a mis yo internas debatiéndose, estaba la osada, la cobarde y la temerosa…

Sabía que romper con una relación de años en donde si leíste mi historia anterior pudiste ver que era una relación de amistad disfrazada de amor, claramente existía el amor pero ese fraternal que en nada se compara al amor real de pareja.

Recuerdo que salí del baño y fui a conversar con mi ex pareja, le dije que necesitábamos conversar, recuerdo que titubeó, evitó y casi salió corriendo pero no lo permití porque ese era el momento en que sí o sí debía enfrentarme a mi verdad y también tener el coraje de conversarlo.

Después de un rato de espera y como estaba encerrado en su pieza voy a verle y le digo que debemos conversar ahora.

Sabes que al recordarlo aún me sudan las manos y se me acelera el corazón, no por sentirme mal sino porque ese día me sentí  grande.

Ese día a pesar del dolor que provocó logré soltar todas esas pesadas cargas de mi mochila, esa que llevaba juntando hace tantos años.

Le dije que todo había cambiado, que desde que se había ido de vacaciones yo había tenido el tiempo de ver en real dimensión nuestra relación.

Le confesé que en ese tiempo que no había estado, me había dado la posibilidad de atreverme a estar con otra persona, que para mí había sido muy difícil tomar esa decisión, pues era la primera vez que lo hacía.

Y que en esos días había tomado la iniciativa con la persona que me hacía vibrar desde hace más de tres años, cuestión que ya sabía pues recuerdo con nostalgia que se burlaba cada vez que le decía que estaba sintiendo algo por otra persona.

Siempre decía que eso no era posible porque yo era incapaz de pensar en otra persona.

Le dije toda mi verdad, estaba enamorada y sufriendo por ese amor que me esperaba día a día, que esperaba que tome la decisión de concretar este amor puro y natural, bello y sin secretos.

La reacción fue de un silencio que permanecía, después de muchos minutos me dice que está bien, que piensa y sabe quién es, lo que yo le ratifico y le digo que es necesario que hagamos el cierre de esta relación.

Que pasamos muchos años y que existe mucho cariño pero de amistad no de amor y que se nota, pues de hecho vivíamos en habitaciones separadas.

Creo que lo que más le dolió es que fuera yo quien terminara, pues toda la vida disfrutó su ego con demasía y yo inconscientemente lo avalaba.

Me dijo que estaba todo bien y que ahora debía vivir mi vida, no fue capaz de decirme nada, sólo que tuviera claro que eso se le podía hacer sólo una vez y que era definitivo.

Recuerdo que vi sus ojos fríos y su cara descompuesta por ese golpe al ego y le dije que tuviera claro que yo no era de las personas que tomaba decisiones al azar y que jamás pensé que esto pasaría pero que sabía y era consciente de que durara lo que durara quería atravesar el umbral del miedo y atreverme a creer.

Terminamos de conversar y fui a darle la sorpresa a quien hoy es mi pareja, esa que me esperó por mucho tiempo, recuerdo que ese día me sentía como en una ruleta rusa con las emociones. (Esa será mi próxima historia).

Para mí fue cerrar el círculo y comenzar a vivir mi aventura, aposté por mí, por lo que quería para mi vida, porque no creo en las casualidades, porque no se trata que alguien llegue y te mueva el piso, se trata de entregarte al universo y pedirle con todas tus fuerzas lo que realmente quieres y soltar al mismo tiempo, pues sólo así comienzan a llegar señales difíciles de atravesar pero que con amor y entrega logras ver.

En mi caso afortunadamente las señales eran evidentes, y para mí ha sido el mejor regalo, pues si dolió al principio fue porque junto con cerrar ese ciclo tuve que desprenderme de manera drástica de mis sobrinos, quienes sin saberlo simplemente hicieron caso de sus padres.

Debo reconocer que dolió pero tenía a mi lado quien curaba mis heridas, quien secaba mis lágrimas y quien con un abrazo me inundaba de amor, de pasión y de una ternura infinita.

Y finalmente creo que yo de tan bajo perfil me permití elegirme y con ello dejar entrar al amor de mi vida, porque sin duda alguna lo es.

El tiempo en estos 9 años me lo sigue ratificando día a día y yo… yo soy inmensamente feliz, porque me supe ver, supe juntar a todas mis yo, esas que con miedo, cobardía y siendo osada hoy se miran al espejo y ven el brillo de mi mirada en cada amanecer.

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